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  • EFE

"¿Tú sabes qué es el fuera de juego?", es la primera pregunta del "examen" que algunos hombres realizan a las mujeres brasileñas y el primer ejemplo de una serie de conductas machistas que denuncian aquellas que se declaran apasionadas por el fútbol en el país de Pelé.

Roberta Nina Cardoso, de 35 años, es aficionada al Sao Paulo y asidua al estadio, donde hace algún tiempo pasó por un episodio desagradable junto a tres amigas.

Las cuatro se encontraban en el interior de su vehículo intentando encontrar un hueco para aparcar, cuando un treintena de miembros uniformados de la mayor barra brava del club aparecieron por la calle y vieron que había solo mujeres en el auto.

La reacción de ellos fue meter las manos por las ventanas, tocar el pelo de las chicas y decirles que eran "lindas", "maravillosas" y "buenorras".

Renata Mendonça, de 28 años, también es hincha del Tricolor paulista. Va al estadio dos o tres veces al mes y, aunque reconoce que hoy es un "poco menos tortuoso", asegura que ir con pantalón corto significa tener que soportar los silbidos y vítores de algunos.

Nina y Renata se conocieron más tarde gracias a la pasión que comparten, el fútbol, y junto con otras dos compañeras, Nayara Perone y Angélica Souza, crearon el proyecto "Dibradoras" (Regateadoras).

En Brasil, un país con 200 millones de habitantes -más de la mitad de ellos mujeres- y en el que el 75% del total se declara hincha de algún equipo.

"Queremos dar más voz y más espacio a las mujeres dentro del deporte y borrar aquella imagen de que la mujer no entiende de fútbol", afirma a Efe Nina.

La igualdad entre sexos tampoco existe en el deporte rey en Brasil, un país con 200 millones de habitantes -más de la mitad de ellos mujeres- y en el que el 75% del total se declara hincha de algún equipo, según un sondeo del Instituto Paraná Pesquisas divulgado a finales de 2016.

"La mujer no es vista como un género que entiende de fútbol. Ella no sabe de táctica, no sabe qué es fuera de juego, está aquí para ver al jugador: somos encuadradas de esa forma", denuncia Nina.

Las "Dibradoras", que en mayo cumplirán tres años, huyeron del cliché de dar un nombre que remitiese a lo femenino y optaron por uno más reivindicativo porque "toda mujer tiene que regatear los prejuicios, el machismo y el acoso diario", expresa.

A los comentarios jocosos por parte de los hombres, se unen las dificultades para encontrar camisetas para mujeres de sus equipos.

Una misión imposible que muchas veces les obliga a comprar equipaciones de la sección infantil.

La igualdad entre sexos tampoco existe en el deporte rey en Brasil.

"La primera forma de pasión de un aficionado es la camiseta.Y para una mujer es muy difícil hallar una de su tamaño. A veces hacen unos modelos con un escote bizarro o de color rosa. No quiero la camisa rosa, quiero la camisa que usa mi equipo", afirma Renata.

Mayores dificultades afrontan las que deciden registrarse en una barra brava, la mayoría de las cuales son comandadas por hombres y donde las mujeres están sujetas a hacer lo que ellos piensan que deben hacer.

"Existen algunas restricciones", explica a Efe Stefani Costa, unas de las fundadoras del movimiento "Toda Poderosa Corinthiana", que igualmente busca dar más voz e independencia para las mujeres en el fútbol.

Costa relata que aficionadas del Corinthians inscritas en alguna barra brava a veces son prohibidas de viajar fuera con el equipo con la disculpa de que es "un partido peligroso".

"Si es peligroso, es peligroso para todos. Bala perdida no elige sexo", reivindica a Efe.

Nina añade que hay organizaciones ultras en las cuales la mujer no puede ondear la bandera u otras en las que no puede tocar el tambor en las gradas.

En Brasil, un país con 200 millones de habitantes -más de la mitad de ellos mujeres- y en el que el 75% del total se declara hincha de algún equipo.

Eso sí, se les permite planear eventos en la sede, hacer el almuerzo y limpiar el local.

Todas coinciden en destacar que una parte de la responsabilidad de estas actitudes sexistas está en los propios clubes brasileños, en cuyos equipos directivos aparecen mujeres contadas con los dedos de una mano, lo que provoca que sean olvidadas a la hora de planificar las estrategias comerciales.

"Tiene que cambiar la estructura dentro de los clubes. Las mujeres tienen que ocupar cargos de gestión", comenta Nina.

Según un levantamiento realizado por "Dibradoras", la mayoría -entre 15 y 17- de los veinte clubes de la primera división de la liga brasileña tiene un máximo de un 10% de mujeres socias, porcentaje que se eleva hasta el 40% en el caso del Chapecoense, que curiosamente tiene una política activa centrada en ellas.

"Los clubes piensan que a la mujer no le gusta el fútbol", sostiene Renata, quien pide más acciones a las entidades deportivas además de las que en los últimos años realizan durante el Día Internacional de la Mujer.

Y asegura: "Ahora esta semana vas a ver, mil cosas y después se olvidan de que tienen este público".