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La habilidad de Juan Carlos Ramírez para ponchar bateadores provoca tanto asombro como su capacidad para lucir siempre enfocado en el montículo. El que hasta hace algún tiempo era calificado como un tirador falto de consistencia se ha convertido con los Angelinos de Los Ángeles en un pistolero, cuyo talento y madurez no admiten discusión. Ha crecido a tal nivel que no hay forma de negar su desarrollo como lanzador y tampoco de poner en duda la fortaleza de su carácter. Él mismo es el responsable de que se le valore de esa forma por no haber claudicado cuando parecía que no tenía nada más que ofrecer en Grandes Ligas, por tratar siempre de sacarle el máximo provecho a las oportunidades y por esforzarse tanto para llegar hasta donde está hoy: establecido en el mejor beisbol del mundo y siendo el favorito para ocupar el sexto puesto en la rotación de su equipo.

El camino de Juan Carlos por Las Mayores ha sido siempre complicado. Desde sus inicios con los Filis de Filadelfia hasta su paso por los Cascabeles de Arizona, los Marineros de Seattle y los Rojos de Cincinnati su andar por el máximo nivel del beisbol había sido un calvario sin fin, lo que hacía de su establecimiento una utopía siempre lejos de su alcance. Sin embargo, luego de tanto naufragar, llegó a los Angelinos y encontró en ese equipo el escenario idóneo para proyectar su talento y madurez. En el 2016 obtuvo un balance de 2-1 con efectividad de 2.91 y el agregado de un salvamento en 43 juegos como relevista. Al año siguiente recibió la oportunidad de ser abridor y terminó convirtiéndose en figura de la rotación al compilar un récord de 11-10 con una efectividad de 4.15 y 105 ponches en 147.1 innings lanzados. 

Rumbo a la rotación

En el 2017 solo pudo frenarlo una irritación en el nervio cubital que lo llevó a un tratamiento de inyección de células madre. No pudo completar la temporada, pero había dejado huellas indelebles de su calidad. Ahora, tras siete meses de inactividad, ha retornado al montículo en el Spring Training con el objetivo de ganarse un puesto en la rotación, específicamente el sexto, y luego de tres aperturas de sobrada calidad no hay duda que sus probabilidades de lograrlo son mayúsculas y los números lo respaldan.  

Su 3.72 en porcentaje de carreras limpias permitidas en 9.2 entradas lanzadas, con el agregado de 11 ponches y el extraordinario registro de cero bases por bolas, lo ubican por encima de sus rivales directos Nick Tropeano (1-0, 8.10, 2K) y Parker Bridwell (0-0, 9.00, 8K). “Estoy lanzando para quedarme en la rotación, no sé si como sexto o cuarto abridor. Mi mente está enfocada en demostrar que estoy saludable y listo para rendir en la temporada”, le expresó J.C. al colega Francisco Jarquín Soto de Titanes del Deporte