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Los Astros de Houston, con el dueño Jim Crane a la cabeza, cumplieron ayer la tradicional visita a la Casa Blanca como equipo campeón de la Serie Mundial del beisbol de las Grandes Ligas, y volvieron a Florida para continuar con la actividad de los entrenamientos de primavera de cara a la preparación de la nueva temporada.

Crane fue categórico al declarar que la visita había sido todo un “honor” al tener la oportunidad de cumplir con el mandatario del país, el republicano Donald Trump, la tradicional invitación que habían recibido al ser los campeones del deporte pasatiempo nacional en Estados Unidos. El dueño de los Astros no quiso entrar para nada en polémicas en cuanto a los jugadores que no quisieron asistir, como fue el caso del puertorriqueño Carlos Correa y el lanzador Ken Giles, de quienes dijo que habían preferido atender “asuntos familiares”. Otro que no estuvo presente en la recepción fue el exjugador boricua Carlos Beltrán, retirado, pero que jugó la pasada temporada con los Astros como bateador designado.

Beltrán, que reside en Nueva York con su familia, había anticipado que no iba a acudir a la Casa Blanca por haberse retirado del beisbol profesional al concluir la pasada temporada y aunque había sido crítico con la actuación del gobierno federal referente a la ayuda a Puerto Rico tras el paso del huracán María, el extoletero rechazó que su ausencia sería como señal de protesta contra Trump.