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Devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños. Eso que dijo de aquel lobo en uno de sus significativos poemas, podría haberlo expresado nuestro glorioso Rubén de haber visto en acción ayer al astro argentino Lionel Messi, aniquilando al Chelsea con dos goles perforadores de Courtois, quien no pudo cerrar las piernas a tiempo, y una entrega rasante como dibujada en la mesa de un arquitecto, que Dembélé aprovechó para sacudir las redes con frialdad y violencia, empujó al Barcelona hacia una victoria por 3-0, asegurándole entre dificultades -disparos al poste y travesaño de Marcos Alonso y Antonio Rüdiger, y penal ignorado- el boleto para los cuartos de final de esta humeante Champions 2017-2018.

Después del angustioso 1-1 en Stamford Bridge, cuartel del Chelsea, pegar primero en el Nou Camp, tenía un inmenso valor. El Barsa no perdió tiempo. Antes del tercer minuto, se colocó en ventaja entre el aullido y los asombros de 97 mil aficionados. Messi, desequilibrando, se metió al área por la derecha, el rebote casual de una jugada vertiginosa en espacio corto, le permitió a Suárez, bien adentro, tomar la bola y deslizarla hacia Messi que continuó su proyección, y casi contra la raya de fondo, utilizando un pequeño ángulo, remató con derecha. Las piernas de Curtois, arqueadas, apenas deben haber sentido el frío de la pelota que zumbaba abriendo el marcador.

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El Chelsea condicionado

Una caída inesperada en el propio arranque, condiciona una pelea, igual que un gol madrugador, un juego. Ese gol estableciendo el 1-0, debilitaba, no solo el talento inagotable de Hazard, la dinámica llamativa de Alonso y la rapidez y potencia exuberante de William, sino que agujereaba las esperanzas del Chelsea, necesitado de un empate con goles para forzar el tiempo extra en caso de 1-1, o conseguir avanzar haciendo valer los goles como visitante. Ese golpe en la mandíbula, obligaba a transformar planes, y por supuesto a ofrecer mayor atrevimiento.La portentosa actuación de Leo Messi, autor de dos goles y de una asistencia, decidió el pase del Barcelona a los cuartos de final, con una victoria 3-0 contra el Chelsea.

El Barsa no cedió un centímetro y manteniendo el pie sobre el acelerador, controló atrás intentos no bien ordenados del Chelsea, y en el minuto 19, clavó la segunda estocada, casi un factor de seguridad. Messi robó una pelea a Fábregas y realizó dos quiebres por la izquierda con la cercanía del amenazante Suárez; el argentino vio despoblada la zona derecha y envió un trazo para la entrada libre, pistola en mano, de Dembelé; el joven de 20 años se sintió inyectado de madurez, detuvo la pelota, la movió un paso al frente, y apretó el gatillo. El proyectil, imparable para Curtois, hinchó las redes ampliando la diferencia 2-0. Ahora sí, Valverde se sintió instalado en la butaca de la tranquilidad.

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Morir fajándose 

El Chelsea no se mostró abrumado. Adelantó líneas, fue al frente con más determinación, sacó provecho al uso de las bandas tratando de evitar estrellarse constantemente con los centrales Piqué y Umtiti. En una contra azulgrana, Suárez no pudo resolver frente a Curtois, y casi de inmediato, el Chelsea fabricó posibilidades consecutivas lamentablemente desvanecidas por Alonso y Kanté…Un gol en contra acercando al Chelsea 1-2, abría puertas para un posible 2-2 que mataba al Barcelona. Así que había que evitar eso contra vientos y mareas, pero cada vez resultaba más difícil frenar a los hombres de Conte, que tenían la pelota y manejaban espacios.

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El temor de ese 1-2, desapareció con el gol de Messi a los 62 minutos, su número 100 en Champions. Recibiendo de Suárez en forma impecable entrando al área, el implacable argentino, ahora con su escopeta zurda, la que tiene maestría, volvió a perforar a Curtois entre las piernas con mejor. Leo Messi fue decisivo para la clasificación del conjunto culé.

La diferencia de 3-0 con menos de media ahora pendiente, era demasiado, necesitaba algo más que un milagro, un derrumbe estrepitoso de la tropa de Valverde que había reemplazado a Iniesta por Paulinho. No, eso no iba a ocurrir, y con un repliegue discreto, con salidas generadoras de peligro, el Barcelona mantuvo el 3-0 asegurando su boleto a los cuartos de final. Una vez más, el factor Messi fue decisivo.