•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Corría el año 2009 cuando el lanzador derecho José David Rugama, para entonces un hombre de 29 años de edad, empezó sus andanzas en el beisbol nacional. Esa temporada no le fue nada bien con los Toros de Chontales, pues en 15 juegos, 13 de ellos como abridor, obtuvo un balance negativo de solo una victoria y ocho derrotas con una efectividad de 4.12. Para entonces, nadie imaginó, ni siquiera él mismo, que años después entraría en la historia de la pelota casera al convertirse en apenas el cuarto carabinero capaz de forjar un juego perfecto. Lo hizo el pasado sábado 10 de marzo a los 38 años, reduciendo a la inutilidad a las Fieras del San Fernando.  

“Nunca imaginé lanzar un Juego Perfecto”, le dijo Rugama al colega Joel Campos, corresponsal de Radio 800. “Como antes ya había conseguido tirar tres juegos Sin Hit Ni Carrera, no creí que se me volviera a presentar la oportunidad de hacerlo”, expresó el pícher que necesitó 86 lanzamientos para retirar a los 21 bateadores que enfrentó, entre ellos el experimentado y miembro de la selección nacional Renato Morales. 

“Una de las razones por las cuales no creía en la posibilidad de lanzar un juego perfecto era mi edad. Muchas personas, entre ellas entrenadores y compañeros de equipo, me decían que solo me faltaba una hazaña como esa, pero yo siempre respondía que no estaba a mi alcance, que a mis 38 años esa es una tarea muy difícil. Sin embargo, Dios, que ha estado conmigo a lo largo de mi carrera, me tenía preparada esta sorpresa”, contó José David, quien ponchó a siete bateadores durante la exhibición de dominio que le permitió forjar su obra maestra. 

Una misión difícil

Tan difícil es lanzar un Juego Perfecto, que a nivel nacional solo Emir Darse (1981), Asdrudes Flores (1991) y Boanerges Espinoza (2011) lo habían logrado antes de Rugama. “Alcanzar la perfección desde el montículo está muy distante de ser una tarea fácil. Se requiere de multiplicar esfuerzos para mantener la concentración y para lanzarle a cada bateador el envío con el que realmente puede ser dominado. En mi caso, el cambio de velocidad, la curva y el sinker fueron los lanzamientos con los que mantuve en blanco al San Fernando”, señaló el tirador chontaleño, quien además apuntó que “otra de las claves para lograr un No Hitters es contar con un buen receptor y yo he tenido esa suerte”.

Sobre los momentos que atravesó a lo largo de esos siete episodios perfectos que le dieron un pasaporte directo hacia la historia del beisbol nacional, Rugama narró que “recuerdo que en el quinto inning le comenté al cácher (Óscar Hurtado) que ningún jugador había llegado a la segunda base y él solo se quedó callado. Después alguien me dijo que estaba tirando juego Sin Hit Ni Carrera y varios de mis compañeros le dijeron que no me lo siguiera comentando, que necesitaba mantener la concentración. Fue hasta en el sexto inning que en el dogout me dijeron: tenés que cerrar con todo. Admito que me puse nervioso, pero no perdí el enfoque y pude completar la hazaña”.