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¡Qué emocionante debe haber sido para Jonathan Loáisiga subir a la colina con el uniforme de los Yanquis para ser sometido a observación en este entrenamiento primaveral! El control de tu sistema nervioso es lo fundamental para garantizar cierto nivel requerido de equilibrio emocional, ese que te permite sacarle provecho a tu talento por un momento así, pasan todos los prospectos, y eso me hace recordar el que atravesó Denis Martínez hace 44 años, en el Biscayne College en Miami, en ese tiempo campamento de los Orioles,  cuando fue sometido a observación junto con Antonio Chévez. Los evaluadores, eran Ray Miller y George Bamberger, dos de las mentes más brillantes y opiniones más calificadas en ese tipo de trabajo. Obviamente, rigurosos. ​

Yo estaba ahí

Me encontraba en ese sitio y en ese momento que se convirtió en histórico —como testigo de excepción— invitado por Carlos García, el presidente de nuestra Federación de Beisbol, con quien además de trabajar desde 1970, cuando me inicié como cronista de deportes, había cultivado una gran amistad.  Carlos estaba con Julio Blanco Herrera, una especie de enlace con peloteros latinos, y cuyos informes eran considerados por los scouts de la organización, en el caso de los dos nicas, Ray Pointevint. “Mi interés se concentraba en Chévez, pero Tony Castaño me dijo, apunta también a Martínez en tu libreta. Hay que verlo”. Hice pública en una nota escrita que aún conservo, esa expresión de Julio Blanco, antes de la salida de los jóvenes tiradores hacia Miami. Chévez era más callado, Denis más expresivo, locuaz. 

Roniel Raudes dejó una buena impresión con Boston en el Spring Training. Archivo/END

“Pienso que los dos van a abrirse paso”, dijo Carlos García esa mañana —de sol hiriente— hablando consigo mismo, mostrando ese optimismo incurable que lo acompañó desde la cuna hasta la tumba. La bola rápida de Chévez, firmado con mayores expectativas, fue llamativa para los observadores, pero las curvas de Denis hicieron que sus ojos se agrandaran mientras cambiaban miradas. Para interpretar esos gestos yo no necesitaba de la traducción de Carlos o de Julio. Cuando la primera prueba terminó, algo le dijo Bamberger a Carlos y Julio me hizo la traducción: “Considera que Denis no va a ganar muchos juegos en la Liga Rookie, pero con ese picheo, será uno de los más ponchadores, y recomienda que consiga mayor peso para poder mejorar en potencia. Tiene una estatura que así lo exige”.

Superando cálculos

El competente evaluador de ancha reputación, se equivocó parcialmente, Denis ganó y ponchó, y lo siguió haciendo hasta adueñarse de la triple corona del picheo con el Rochester en Triple A durante la temporada de 1976, obligando a los Orioles, tan abundantes de picheo, a llamarlo en los primeros días del mes de septiembre. Denis estaba completando su tercer año en el beisbol organizado, trazando huellas. Difícilmente cuando Denis dio ese salto sintiéndose tan elevado como Sotomayor, se acordaba de aquel atrevimiento de Heberto, haciéndolo abrir contra Cuba en el Torneo de la Amistad, siendo un novato en agosto de 1972, y del duelo con Dick Wortham en la ciudad de León, para nosotros memorable, por ser la final de un Mundial y permanecer 0-0 después de nueve entradas, antes de perderlo 1-0. ​

El humilde muchacho nacido en el barrio La otra Banda en Granada, cerca de la iglesia de Jalteva, que se había bachillerado en el Instituto de Oriente planeando estudiar Ingeniería, había escalado la montaña. El nuevo y más exigente reto era ¿Podría permanecer ahí? Sobre eso, Denis explica: “Lo clave, siempre fue la confianza que me he tenido. Cuando ingresé a Primera División con el Granada, logré tres blanqueos en mis primeras siete victorias, y eso que Heberto solo me colocaba frente a los más difíciles, como el Cinco Estrellas, el Flor de Caña, el Chinandega. Me gustaba eso. Es frente a las dificultades que uno demuestra si verdaderamente tiene material y agallas. Fue en ese 1972, en la final contra el León, que después de haber trabajado completo la noche anterior, le dije a Heberto que estaba listo para entrar en cualquier momento, y me envió a un relevo largo que nos dio el campeonato”.

Heberto creyente

Después de verlo en acción en sus primeras aperturas, y publicar dos extensas entrevistas, escribí: “No sé cuál será el futuro de este chavalo llamado Denis Martínez porque en beisbol no valen ni los  horóscopos ni las predicciones. Pero su  despegue ha sido suficientemente impresionante como para llamar la atención y encender esperanzas. El podría tener un futuro resplandeciente”. Sabía Heberto que estaba muy verde, que le faltaba corregir defectos, pero creía en su potencial, en su empeño por superarse. Doblando por los 17 años, Denis estuvo a prueba con el Club San Fernando antes de iniciarse la Liga de 1972. “El tiempo pasaba y no me decían nada. Consideré que no les  interesaba y acepté el llamado del Granada por medio de don Manuel Bermúdez, él mismo que me llevó al San Fernando y que se preocupó mucho por mí”, explicó años después.

Jonathan Loáisiga tuvo participación en el Spring Training con los Yanquis. Archivo/END

Nuestro primer Grandes Ligas, era el menor de siete hermanos (cuatro varones y tres mujeres). Sus padres (Edmundo Martínez y Evita Ortiz de Martínez) no asistían a los juegos, pero leían todo lo que se publicaba acerca de él. En aquel momento, la pregunta era obvia: ¿Qué puede pasar con él? Cerré la nota de la siguiente forma: En beisbol no valen ni los  horóscopos ni las predicciones. Este puede ser el gran comienzo de la gran historia. Todo lo hace indicar así. Heberto cree en él, los cronistas también creemos, pero lo que es  más importante de todo, es Denis quien más cree en su futuro. Ojalá y no nos  equivoquemos, ojalá  este joven llegue a brillar con luz propia, en un tiempo no muy lejano. El probable futuro ingeniero podría ser atrapado por completo por el beisbol. Nosotros así lo creemos.​

Por fin, el debut 

La noche del 14 de septiembre de ese 1976, Denis fue llamado por Earl Weaver para funcionar como relevista largo, retando a los Tigres de Detroit, cuyo line-up reunía a Rusty Staub, Mickey Stanley, Bill Freeham, Ron LeFlore, Alex Johnson, John Wockenfus y otros… Martínez ponchó a los tres primeros adversarios que enfrentó, Mike Stanley, Bill Freeham y Chuck Scrieviener, para continuar sacando outs sin permitir carrera durante 5 entradas y dos tercios, y finalmente, adjudicarse la primera de sus 245 victorias, que deberían haber sido 300 sin los terribles inconvenientes que lo enviaron a territorio foul con amenaza de descarte, y las dos huelgas que cortaron su impulso cuando atravesaba grandes momentos durante 1981 y 1994. 

He apuntado varias veces: viendo lanzar a Denis, uno se preguntaba con genuina admiración ¿Qué tan distante está el picheo de la pintura, la música y la poseía? ¿Se exagera cuando se le considera un arte? Pienso que tirar strikes, sacar outs y forjar victorias a base de una habilidad para manejar los conteos, aplicar variantes, anular la amenaza por siempre latiendo de cada bateador, retar las múltiples dificultades, obviar dolores, sobrevivir al desgaste y prevalecer en el mejor beisbol del mundo a una edad no apropiada, hacen de Denis Martínez, un artista próximo a los de pincel y cincel, capaz de hacer del picheo algo poético.