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¿Son estos Indios 2018 mejores que aquellos que en 1995, con Dennis Martínez encabezando su rotación, salieron de las cenizas del olvido para proyectarse hasta la Serie Mundial, caer ante los Bravos y sostenerse un buen rato como competidores, mientras volvían a tropezar frente a los Marlins en 1997? Descubrí, que pese a su aparente frialdad, Cleveland tenía corazón beisbolero y era capaz de ser escandalosamente ruidoso. Aquellos eran los Indios de Albert Belle, Eddie Murray, Omar Vizquel, Carlos Baerga, Kenny Lofton, Tony Peña, Jim Thome, el prospecto Manny Ramírez, y los lanzadores Denis Martínez, Orel Hershiser, Charles Nagy y José Mesa, un equipazo, de día y de noche.

No entremos en comparaciones que nos empujen hacia el valle de la confusión, simplemente admitamos que estos Indios se ven armados hasta los dientes y en pie de guerra, buscando su primer título de Serie Mundial desde 1948, cuando aquí, se inauguraba el estadio que almacena las más grandes historias de nuestro beisbol, hoy envejecido, casi e
mbalsamado. Hay dos imágenes prohibidas en Cleveland y son las que muestran a Didi Gregorius jonroneando contra el “as” Corey Kluber en el quinto y decisivo juego de la serie divisional del 2017. Fue una muerte atroz después de 102 triunfos. 

Brazos dominantes

El pitcheo abridor de los Indios es considerado por los expertos como el mejor de las Mayores, superando al de Astros y Dodgers. Corey Kluber es un firme candidato al Cy Young en la Liga Americana. El derecho ganó 18 y perdió solo 4 en 29 aperturas con un fulgurante 2.25 en carreras limpias, y 265 ponches en 203 entradas, consecuentemente su liderazgo es indiscutible. Carlos Carrasco, el venezolano de 31 años, es otro ganador de 18 juegos por 6 reveses y 3.29, en tanto Trevor Bauer registró 17-9.

¿Se imaginan lo que es para el mánager Terry Francona, disponer de tres brazos que le pueden proporcionar en este 2018 más de 55 triunfos? Agreguen al derecho Mike Clevinger 12-6 y 3.11, impresionante en el entrenamiento primaveral, y la pelea entre Danny Salazar, un tirador de 12.7 ponches por cada nueve entradas, aún en restablecimiento, y Josh Tomlin de utilidad probada sin excederse. Es decir que los Indios tendrán un abridor emergente lo suficientemente confiable, con un bullpen estupendo: Cody Allen, un rematador derecho solo superado en salvamentos desde 2014 por Zach Britton y David Robertson, es el mayor factor de seguridad, con el zurdo Andrew Miller, un relevista próximo a lo mortífero, quien no permitió carrera en 49 de sus 57 faenas. Detrás de ellos, Nick Goody, Dan Otero, Zach McAllister y Tyler Olson. Pitcheo profundo, ahí lo tienen.

El factor producción

La capacidad de agresión de los Indios es agobiante, pese a la pérdida de Carlos Santana. Sacar out a su lead-off al paracorto boricua, el veloz Francisco Lindor, bateador de 178 hits incluyendo 33 jonrones, con 60 bases por bolas, es muy difícil; Jason Kipnis, el intermedista y segundo bate, es un excelente golpeador detrás del corredor; en tanto José Ramírez, el antesalista, disparó 29 vuelacercas y remolcó 83 carreras. El cuarto leño es Edwin Encarnación, el bateador designado, quien puede garantizar casi 40 cuadrangulares y más de 100 empujadas, seguido de Michael Brantley el left fielder, limitado por lesiones a 90 juegos en el 2017, el primera base Yonder Alonso, quien estuvo con Oakland y Seattle conectando 28 jonrones, el jardinero izquierdo Lonnie Chisenhall, el cátcher Roberto Pérez, quien desplazó al banco a Yan Gómez, Bradley Zimmer de 25 años en el jardín central. Sin duda, un line up muy funcional, con un cuadro interior simplificador. Lo que ha sido hasta hoy una misión imposible desde 1948, ganar una Serie Mundial, podría volver a frustrarse por las serias amenazas de Astros y Yanquis.