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Por segundo partido consecutivo, la selección de futbol de Nicaragua mostró dos rostros ante su similar de Cuba: inició bien, ganando 2-0 antes de llegar al cuarto de hora y cerró de forma titubeante, permitiendo que los antillanos empataran 3-3.

Un gol de Edigelkis Olivares, en tiempo agregado (90+1), le ofreció a la tropa cubana un merecido empate y fue un balde de agua fría para una Azul y Blanco a la que todavía le cuesta cerrar partidos.

Habían transcurrido 30 segundos de iniciado el desafío cuando Juan Barrera perforó las redes de la tropa cubana, al encontrarse con un balón dentro del área, tras remate de Jaime Moreno. Pero la anotación fue anulada por fuera de lugar.

Moreno anotó por segundo juego consecutivo.

Dicha acción fue un aviso de la Azul y Blanco, cuya actitud en el arranque de este partido fue distante a la mostrada el pasado jueves, cuando tuvieron que venir de menos a más.

Los pinoleros se apropiaron desde temprano del esférico y generaron peligro con centros desde los costados, aprovechando las proyecciones de Josué Quijano y Manuel Rosas por derecha e izquierda, respectivamente. Sin embargo, la tropa nicaragüense encontró la llave del candado defensivo cubano en un contragolpe, propiciado por un robo de balón de Luis Manuel Galeano, mismo que asistió al “Iluminado” hacia el costado izquierdo, para que este perforara las redes.

Con ese tanto, el 1-0 parcial, Barrera alcanzó los 12 goles vistiendo la casaca de Nicaragua, distanciándose en la cima de máximos artilleros históricos a nivel de selección, con dos más que los convertidos por Emilio Palacios.

La prematura anotación del capitán de la Azul y Blanco invitó a sus compañeros a ir por más, a sabiendas que sus rivales no encontraban la forma de quitarles el esférico, ni la iniciativa.

Los pinoleros se apropiaron desde temprano del esférico y generaron peligro con centros desde los costados.

Antes de llegar al cuarto de hora, después de que Quijano forzara un tiro de esquina, Manuel Rosas colgó un centro desde la derecha que encontró en el segundo poste a Jaime Moreno y este asistió a Manuel Galeano, quien solamente llegó a empujar el balón ante la permisividad de la zaga cubana. El tanto del enlace pinolero era una merecida recompensa a su destacado desempeño durante ambos amistosos.

El equipo que dirige el costarricense Henry Duarte siguió con su monólogo hasta llegar a la media hora del partido, lapso en el que todavía pudo incrementar su ventaja en la pizarra, de no ser porque el arquero antillano Sandy Sánchez realizó un par de atajadas salvadoras tras sendos remates de Carlos Chavarría, ambos al minuto 29. Pasada la media hora, los visitantes se apropiaron del balón y comenzaron a provocar peligro en el marco que defendía Henry Maradiaga.

Luismel Morris fue el primero que remató al marco pinolero al minuto 31’, sacando un disparo de media distancia que se fue apenas por encima de la cabaña. Diez minutos más tarde, el central Eddy Saname se encargó de transformar el 2-1 parcial, sacando un trallazo desde la frontal del área pegado al poste derecho, imposible de atajar para Maradiaga, quien pese a estirarse solamente adornó la anotación cubana.

Gol de vestuario y tranquilidad

Al finalizar el primer tiempo, la tropa pinolera respiró tranquila, consciente de que la selección antillana era clara dominante de las acciones en los minutos finales de ese período. El descanso le hizo bien a los dirigidos por Duarte, quien para el arranque del segundo tiempo hizo ingresar a Daniel Cadena en lugar de Galeano.

Con las piernas frescas, el equipo nicaragüense salió a buscar otro gol que les diera tranquilidad para afrontar sin mucha presión el segundo período. Y se le dio tan pronto como al minuto 46, cuando por enésima vez en el partido Josué Quijano se proyectó por la banda derecha y metió un centro que encontró a Barrera, quien a su vez conectó con Jaime Moreno y este no perdonó frente al marco, estableciendo el 3-1 parcial.

Lejos de amilanarse, la selección cubana tomó un segundo aire y comenzó a presionar a los pinoleros. En ese ejercicio logró quitarle el balón a los locales y encontró la forma de generar peligro, sobre todo con centros desde las bandas y remates de media y larga distancia. Así en el minuto 81, Edigelkis Olivares puso el 3-2 con un poco de fortuna, al encontrarse con un balón en el área chica, que rebotó en el arquero Maradiaga y luego en su humanidad hasta acabar  en el fondo de las redes.

Los antillanos no quitaron el pie del acelerador y tuvieron el premio a la perseverancia en tiempo de descuento. Corría el minuto 90+1, cuando Robeney Caballero sacó un disparo potente desde el borde del área tras un mal rechace de la zaga pinolera, para establecer el empate definitivo 3-3, en un juego que mostró dos caras de la selección de Nicaragua: un buen inicio de partido y un discreto cierre.