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La imagen ya se fue, pero todavía estoy de pie frente a la pantalla, incrédulo, rascando mi cabeza, aturdido por el asombro. No dormí disfrutando de las repeticiones de ese gol acrobático, dibujado con una geometría destructiva, realizado con una precisión que supera la imaginación.

Ahí está Cristiano Ronaldo, elevado de espaldas a la cabaña de Buffón, moviendo sus piernas en forma de tijera con esa maestría solo posible en la mesa de un arquitecto como Calatrava o entre los trapecios del Circo del Sol, aparentemente sostenido por hilos invisibles, rematando sin mirar, como un jugador de ajedrez a las ciegas. Y ahí está la bola viajando sobre el inmenso orgullo de su ejecutor hacia las redes del Juventus por segunda vez, ante la estupefacción del veterano arquero de mil batallas, emocionalmente conmovido, tratando de sujetar el impulso de agregarse a la ovación del planeta. Cuando se dice ¡Golazo! en casos como este, existe el temor de quedarse corto, de no poder dimensionar correctamente un gol así. Es un gol para seguirlo viendo al lado de nuestra imaginación, como el supuesto disparo de París acertando con la flecha el talón de Aquiles en el sitio de Troya.  

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Se fajó el Juventus

Perdonen que haya colocado ese gol quizás irrepetible, encima de la importancia del partido que ganó el Madrid 3-0 con Marcelo sellando la pizarra en una jugada de destreza, ímpetu, frialdad y búsqueda de pelota hasta el fin del mundo en el minuto 71. Pese al gol madrugador de Cristiano adelantando al Madrid en el minuto 3, “una cachetada” estupenda con su botín derecho enderezando un trazado realizado por el pincel de Isco, destapado por la izquierda, recibiendo de Marcelo, el Juventus no se arrugó. Se estableció en el medio el equipo italiano y lograba transiciones rápidas con Dybala siempre en movimiento conectándose con un ansioso Higuaín.

 El 1-0 necesitaba ser ampliado para quitarle estímulo al Juventus que con menos posesión de palo, fabricaba opciones más claras.

Tres oportunidades se le presentaron a la tropa de Allegri, la última, remate de Higuaín rechazado por un movimiento felino de Keylor, quien agregó otra atajada con “su marca” en los últimos minutos ya con la pizarra 3-0. Un trallazo escalofriante de Kroos sacó astillas del travesaño, mientras el Madrid trataba de abrirse paso en el campo minado en que se convirtió a ratos la defensa del equipo italiano. El 1-0 necesitaba ser ampliado para quitarle estímulo al Juventus que con menos posesión de palo, fabricaba opciones más claras. Y en el minuto 63, el golazo de Cristiano estirando la diferencia, golpeando en la mandíbula al rival. 

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Quedará “La Mona Lisa”

La expulsión de Dybala por segunda amarilla, agregada al impacto que provocó Cristiano con obra de arte y poderío físico, desequilibró el accionar del juego, y restó preocupación a la amarilla aplicada a Ramos, que lo elimina de la revancha. El portugués tuvo posibilidad de un tercer gol, pero falló dos veces, la última insólita tratándose de un goleador como él, malogrando una entrega de Carvajal. No necesitaba hacer algo más después de esos dos goles, pero él nunca está conforme, siempre va a fondo, como lo fue Marcelo cerrando las cifras 3-0, en vista que el colombiano Cuadrado falló una opción clarísima con Keylor desarmado.

Real Madrid

Con su contundencia, la incidencia de Cristiano, los aportes de Isco y Modric, la presencia de Kroos y la garantía de Keylor, el Real Madrid hizo valer su favoritismo imponiéndose por vez primera en Turín desde 1962, época de Di Stefano, y parece dirigirse hacia la conquista de su 13 Champions y tercera consecutiva. Déjenme cerrar esta nota preguntándoles ¿Vieron ese gol? ¡Qué suerte! Seguramente en breve estará adornando una de las paredes del Museo de Louvre, no necesariamente a la orilla de La Mona Lisa de Leonardo.