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Una pizarra por 4-1 certifica una goleada, pero a veces eso no es cierto. No cuando un equipo, sin jugar bien, mostrándose vulnerable como el Barcelona, se siente protegido por la suerte, en tanto la fatalidad clava sus colmillos en un adversario, el Roma, que tampoco lució bien, pero que entre la irregularidad de su accionar, no se vio tan distante para ser condenado por esa drástica diferencia, que lo obliga a imponerse 3-0 como local, para eliminar al equipo azulgrana por el gol de Dzeko en patio ajeno. Sin embargo, pies en tierra, cabeza fría y corazón tranquilo, ese resultado parece tan improbable en la vuelta, como ver al Barsa quedar sin goles. 

Equipo desteñido, como fue visto a largos ratos contra el Sevilla, eso pareció el Barsa impreciso en las entregas aunque atrapando balones perdidos por el equipo italiano, pero sin garantizar progresiones, viéndose obligado a disparar desde afuera contra un arquero como Allison de vista clara y resortes bien aceitados. El Roma, casi siempre en retroceso, tampoco se asentaba y difícilmente conseguía algunas conexiones interesantes en su gestión ofensiva, aunque dispuso de dos posibilidades de penal obviadas. Ninguno de los dos equipos llegó vestido de cuarto finalista, así que el duelo en lo referente a bravura y destreza, carecía de atractivo. El 0-0 fue quebrado en el minuto 38, por el disparo en contra de su propia cabaña, de Danielle de Rossi.

Par de autogoles

Rakitic, que había hecho rebotar en el poste izquierdo de Allison un remate rasante trazado desde lejos, robó una pelota y la envió hacia Messi, quien sin pérdida de tiempo entregó a Iniesta, con la pretensión de una ancha pared. La devolución de Iniesta es cortada frente a Messi por De Rossi, con la fatalidad de empujar la pelota a la redes. Y el segundo gol azulgrana, en el minuto 55, fue facilitado por la desgracia del defensor del Roma, Kostas Manolas, quien evitando el remate a quemarropa de Umtiti sobre el pase a ras de piso enviado por Rakitic, golpeó la pelota haciéndola rebotar en el poste, pero empujándola hacia adentro cuando llegó nuevamente hacia él, deslizándose sin control.

Encontrarse en ventaja 2-0, consecuencia de dos autogoles, podría no tener precedentes en la fase eliminatoria de una Champions. El “operativo suicida” no terminó con el Roma que, utilizando las contraofensivas, buscó el gol restaurador, haciendo atravesar dificultades a Ter Stegen y sacándole provecho a bandas despobladas por los avances de Sergi Roberto y Jordi Alba. El tercer gol fue matador: Messi avanzando por la izquierda en el minuto 58, entrega largo a Suárez, que detiene y remata, facilitando que Piqué tome el rebote de Allison y sacuda las redes para el 3-0. En el minuto 79, el Roma obtiene el gol de visita tan buscado después de un par de atajadas cumbres de Ter Stegen. Un centro de Perotti lo remata muy cerca Dzeko con zurda, y la diferencia se recorta 3-1. No todo estaba consumado, el primer gol de Suárez desde aquel juego con el Saint German que remontó el Barsa, selló el engañoso 4-1. 

Rakitic se hizo notar

¡Qué difícil es encontrar a un jugador realmente destacado! Rakitic es lo más aproximado y el reconocimiento de siempre a Messi, tratando de abrirse paso entre dos, tres y hasta cuatro adversarios, con por lo menos un estorbo a la orilla listo para tomarse un selfie, maniobrando en corto en busca de posiciones de tiro negadas. No pudo brillar el argentino, pero luchó con intensidad y terquedad. Iniesta se vio trabado, Busquets necesitado de claridad, Piqué siempre solvente y, Suárez, peleando hasta con él mismo consiguiendo el gol tan ansiado desde aquella milagrosa voltereta contra el Saint German. Pese a 17 disparos a la cabaña y su mayor tiempo de posición, no fue un Barcelona impresionante con cara de semifinalista, aún así, amaneció en la orilla.