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ESPNdeportes.com

Roger Clemens y Greg Maddux son los dos lanzadores más importantes de las últimas dos décadas.

Clemens, con su bola rápida y pesada, ha llegado a ser considerado por algunos como el mejor pitcher de la historia, con récord de 354-184 y 3.13 de efectividad en su carrera.

Maddux, con su control y cambios de velocidad, le sigue de cerca con foja de 347-214 y 3.11 carreras por juego. Esto en una serie de años en que enfrentó a bateadores cuyas estadísticas están infladas y compitió contra lanzadores que hacían trampa.

Si el maravilloso récord de Clemens se ve tronchado, entonces Maddux, con sus cuatro galardones Cy Young, tendrá la distinción solitaria de ser el mejor operador monticular de este periodo, ahora reconocido como “la era de los esteroides”.

Ganador de siete premios Cy Young, Clemens fue el gran perdedor en la investigación de dopaje conducida por el ex senador George Mitchell para Grandes Ligas. El Reporte Mitchell menciona a Clemens en más de 80 ocasiones. Hasta los objetos de memorabilia relacionados a Clemens se estima que perderán hasta un 50% de su valor antes de la publicación del reporte.

Clemens cumplió 35 años en agosto de 1997. A partir de 1998, su récord es de 141-66 y cuajó tres premios Cy Young (1998, 2001, 2004), el último a la edad de 42 años. En 1997, cuando cerró la temporada, acabado de cumplir los 35 años, ganó otro de sus siete premios Cy Young con marca de 21-7.

Por su parte, Maddux cumplió los 35 años en abril de 2001. Desde la temporada de 2001 cuenta con marca de 122-93, una diferencia negativa de 19 juegos ganados y 27 juegos adicionales perdidos. Su último Cy Young vino en 1995, a los 29 años.

Maddux, “El Profesor” (así le llaman los colegas en el ‘dugout’), parece estar limpio de esteroides y otras yerbas. El récord de Maddux de años recientes no es tan fulminante como el de Clemens, pero está más acorde con la proyección de habilidades naturales de un pelotero al pasar de los años sobre su cuerpo envejeciente.

El Cohete, de 45 años, dio sus primeros pasos en el circuito mayor en 1984 y todavía parece que le queda gasolina. Pero todo indica que el serpentinero tuvo una “ayudita”. Es probable que el estilo dominante de lanzar a la fuerza de Clemens debió decaer antes que el juego de velocidades de Maddux.

Su ex entrenador Brian McNamee, bajo amenaza de posibles cargos de perjurio, obstrucción y desacato, confesó que él mismo le había suplido esteroides a Clemens para mejorar su rendimiento.

Algunos, como Alex Rodríguez, han manifestado que las marcas de los peloteros deben permanecer intactas -- sin asteriscos -- hasta que se pruebe su culpabilidad en corte. Esa premisa sólo aplica a los casos criminales bajo la autoridad jurídica, no así para determinar sanciones por la violación de normas y reglamentos del deporte.

La mayoría de los peloteros esteroídicos, confesos o dentro del clóset, no enfrentarán cargos criminales como el niño símbolo de los dopados, Barry Bonds, quien está acusado por la fiscalía federal en San Francisco de mentirle a los investigadores del caso Balco sobre la venta ilegal de esteroides.

Es decir, las acusaciones criminales es lo menos que debe preocupar a los organizadores de béisbol al momento de impartir sanciones, pues ante la ley el acto criminal de Bonds y otros es mentirle a las autoridades, mas en el béisbol la violación se trata del uso de dopaje. Es irrelevante si un jugador es acusado criminalmente. Esos procesos están fuera del control de Grandes Ligas.

Ante la opinión de los aficionados, Clemens, al igual que Bonds, Canseco y McGwire, ya se ganó su asterisco con las decenas de referencias a su nombre en el Reporte Mitchell. Como ha dicho Curt Schilling y otros, le corresponde a Clemens probar lo contrario.

Mientras el nombre de Maddux no aflore entre las tantas acusaciones recientes con un grado mínimo de confiabilidad, se mantendrá como el rey de los lanzadores de la era manchada por el dopaje. Entrará limpio al Salón de la Fama, pero uno nunca sabe en estos días.