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A simple vista, la derrota del Barcelona fue imperdonable. Siendo considerado el equipo de Valverde el más difícil de vencer en todos los torneos, pese a sus constantes cortocircuitos, es natural preguntarse entre los escombros de esa derrota imprevisible, ¿cómo malograr una ventaja de tres goles aun jugando de visita con un equipo teóricamente inferior y realmente con la soga al cuello, tal era el Roma cargando con un 4-1 adverso? Solo podía ser posible consecuencia de un derrumbe estrepitoso, y exactamente, eso fue lo ocurrió.

El Barsa se vio inexplicable e incomprensiblemente, sepultado en la nada, incluyendo la grandeza de Messi, no vista ayer entre el confuso accionar de un equipo que careció de todo. 

El Barsa sin toreros

El Roma salió como un toro al centro de la arena, mostrando furia, decisión y coordinación. El Barsa, necesitado de un Manolete o un Paquirri para realizar el toreo adecuado, se asustó tanto, que después del gol de Dzeko en el minuto 6 resolviendo con maestría una entrega de trazado preciso entre dos defensas por parte de Daniele De Rossi, pareció tener deshilachado su sistema nervioso. Messi retrocedió como nunca sin conseguir conexiones ni ser habilitado. Mantenerlo aislado fue prioritario para el Roma, concentrado en los anticipos, los cierres oportunos, las extensiones por las bandas tan mal cuidadas en la zona azulgrana. Esa presión que facilitó adelantarse temprano en la pizarra, hizo crecer en atrevimiento al Roma. 

Jugadores de la Roma celebran su victoria después de un partido entre la Roma y el Barcelona por los cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA,

La confianza del Barsa en su superioridad como equipo funcional fue agrietada por la agresividad del equipo italiano, que a largos ratos se dio el lujo de no volver a mirar hacia atrás, dedicándose a “olfatear” la proeza de conseguir el milagroso 3-0 que los sacaría del hoyo. ¿Sería posible evitar que un equipo tan flexible como el de Valverde no marcara? Nadie lo creía, y esa posibilidad todavía estaba latente en los minutos de reposición, incluso Messi la arañó frente a Allison moviéndose en el área pequeña, pero otra vez la nada. Quienes creímos que solo sería asunto de tiempo para que el Barsa tomara la riendas del partido y manejara balón y tiempo, sentimos como la frustración apretaba nuestros cuellos y arrugaba esperanzas. Nos percatamos que el 1-0 del primer tiempo debió ser mayor, recordando cómo se obvió un probable penal y dos manos de Ter Stegen impidieron el estallido del Vesubio. Era el Roma el equipo que aprovechaba el tiempo, no el Barsa.

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Penal y desesperación

¿Qué se planeó en el vestidor azulgrana durante el descanso? Nada, así que con los mismos hombres y sin variantes, el Barcelona permaneció en la nada, mientras el Roma volvía a volcarse con todo lo que tenía, ganas, piernas, garra, velocidad de desplazamiento, capacidad para recuperaciones y para proyectarse ofensivamente. Piqué, entre los círculos del infierno, azotado por la desesperación comete un penal en el minuto 57, y Danielle de Rossi lo cobra implacable e impecablemente, como si estuviera ofreciendo una cátedra de cómo realizar ejecuciones desde los doce pasos. Balazo a media altura. Ter Stegen lo vio venir, se lanzó, y solo escuchó el zumbido. Las redes se tensaron tanto que casi revientan.

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El Barcelona no despertaba. Seguía lento, sin coordinación, con Messi secuestrado por la falta de compañía y por las cadenas que le imponían. Intentaba el argentino, pero sus progresiones eran limitadas. Fracasó por completo. En el área, cada foto lo muestra acorralado por dos o tres, sin conexión con Suárez, separado de Iniesta, apenas mirando a Sergi Roberto. Gran trabajo del Roma, con una disciplina espartana. Evitar el tercer gol, se convirtió en una tarea súper exigente porque el equipo italiano insistía, y con criterio, haciendo valer sus entregas largos, sus centros y la presión. Y en el minuto 81, la puñalada finalmente mortal, la que mata al Barsa. El centro a media altura, la aparición entre el bullicio de Manolas, su giro de cuello, y el peinado que deja sin chance a Ter Stegen estableciendo el 3-0.

La confianza del Barsa en su superioridad como equipo funcional fue agrietada por la agresividad del equipo italiano. EFE/END

¿Cómo hacer un gol salvador desde la nada? Esa era la última gran intriga, y aunque el Barsa salió de su desfallecimiento, el Roma tenía el resto necesario para resistir embestidas y prevalecer con su mejor juego. El reloj se precipita y la opción de Messi se desvaneció. Además, no era justo, el Roma obtuvo su boleto a semifinales con todo el merecimiento. Este Barsa visto ayer no tenía sitio en esas semifinales. Estoy claro de eso.