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Cristofer “El Látigo” González enfrentará al japonés Daigo Higa la madrugada de este domingo entre el riesgo y la precaución. Pero es que cuando hay un título mundial en juego, en este caso el de las 112 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en poder del nipón, además intentando arrebatarlo en la casa del rival, lo lógico es meterse a las brasas como Kamikaze, es vencer o morir en el intento con las botas puestas.

Se entiende en el equipo de Cristofer el respeto por la pegada de Higa. Los números del japonés son impresionantes: 15 triunfos por nocaut sin derrotas, un pegador nato, capaz de derribar un muro de un solo golpe. No obstante, el nica no puede ir a Yokohama con la postura de realizar un combate demasiado precavido, pelear a la media o larga distancia ante un fajador es una buena estrategia, pero cuando se trata de buscar un campeonato la postura del retador debe ser la de ir al frente.

Un punto clave para que el nica se decida por pelear en corto, en una lucha cuerpo a cuerpo, es ver que si puede asimilarle la pegada al japonés. Si Cristofer resiste y siente que no corre el peligro de ser noqueado, es entonces que puede ejercer una presión asfixiante, utilizando ese gancho y cruzado de izquierda para irle restando condiciones a un Higa acostumbrado a abrumar a sus rivales.

El segundo panorama es que si a Cristofer le lastiman las manos de martillo del japonés, seguramente veremos una pelea de una sola cara, con un Higa abalanzado sobre el nica, cerrándole los espacios, hasta culminar su obra maestra: el nocaut. El pegador tiene la ventaja que en 12 asaltos con un solo golpe de poder puede fulminar a un rival. 

Veremos qué pasa la madrugada de este domingo en Yokohama, donde Cristofer buscará el milagro. Para eso deberá hacer un combate perfecto, aprovechar los errores que pueda presentar el japonés, pero lo más importante, tomar muchos riesgos, solo así podrá lastimar al nipón y acrecentar sus posibilidades de triunfo.