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Eso nunca hubiera ocurrido a la vista de todos. Abolló nuestra imaginación desbordada. Después de un inicio de temporada tan vertiginoso y estrepitosamente impresionante, estábamos creyendo que el fenomenal novato japonés de doble vía, Shohei Othani, de casi 24 años, era intocable e imparable. Alguien perteneciente prematuramente a la mitología del beisbol. Un total de 44,822 aficionados, la segunda cifra más elevada en el Estadio de los Angelinos desde que fue renovado en 1998, se volcó sobre las tribunas en busca de ser testigos de otra demostración convincente. Walter Johnson podía perder, igual que Bob Feller o Sandy Koufax, pero no Shohei Othani. Él había aterrizado en la Gran Carpa para provocar asombro. 

Era fácil imaginar su futuro: un ganador de 40 juegos como Jack Chesbro, registrando 1.12 en efectividad como Bob Gibson, ponchando a 383 como Nolan Ryan, obteniendo triples coronas y dándole forma a no hitters como un jugador de cartas en Las Vegas. No, nadie es capaz de todo eso. Pero entre la locura provocada por su escandaloso inicio, la multitud se perdió entre encendidas e irreales ilusiones. Othani no llegó a la tercera entrada. El jonrón abridor de Mookie Betts, que esa noche colocó otras dos pelotas en órbita, y esa ampolla en el dedo medio de su mano de lanzar, lo frustraron, mostrándolo tan humano como Clayton Kershaw y Max Scherzer. 

Boston, no lo reconoció

La artillería de los Medias Rojas no tiene ningún parecido con la de Oakland, dos veces atornillada magistralmente por el pitcheo de Othani. El equipo de Boston ha fabricado 75 carreras en sus últimos nueve juegos y su balance de 14-2 no tiene precedentes en su historia. El rendimiento de estos Angelinos, tan crecidos alrededor de Othani, es parecido, así que el enfrentamiento con David Price, era para el público, un filete aderezado por incontables emociones y revestido de un espeso suspenso. Por vez primera, el japonés que batea a la zurda y lanza a la derecha, se sintió en un campo minado. Utilizó 66 disparos para sacar los seis outs y salir con la pizarra en contra 3-0, mientras Price iniciaba su apriete de tuercas.

 En su segunda apertura, Othani estuvo perfecto por seis entradas y dos tercios, ponchando a 18 en su doble faena. Según el manager Mike Scioscia, cuando se cantó el playball, no se tenía noticia de molestia alguna en la mano derecha del japonés. La ampolla comenzó a tomar forma después del jonrón abridor de Betts. Con sensatez y humildad, Othani dijo y fue publicado en Los Ángeles Times: “no siempre voy a estar en la cima de mi rendimiento. Necesito aprender más y mejorar. Debo tener calma”. El impacto provocado ha sido tan fuerte, que no nos hemos detenido a reflexionar si no agrandamos exageradamente las expectativas sobre sus rápidas proyecciones. Lo bueno de su primer flaqueo, es que nos ha sacado del surrealismo. De vez en cuando se va a encontrar con un poco de kriptonita, como Supermán.