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MIAMI

El deporte estadounidense sufrió un serio golpe en este año, al revelarse una “cortina” de trampas y actividades ilícitas con lo cual atletas y entrenadores pusieron en duda la integridad de los diferentes eventos.

El entrenador de los Patriotas de Nueva Inglaterra, Bill Belichick, era considerado el “Albert Einstein” del fútbol americano profesional hasta que fue descubierto realizando labores de espionaje a los Jets de Nueva York durante un juego de la Liga Nacional de Fútbol (NFL).

Considerado el héroe del Tour de Francia por su inquebrantable corazón y fibra, el pedalista Floyd Landis cayó en forma estrepitosa del podio de vencedores cuando se descubrió que su milagroso triunfo fue impulsado por el uso de esteroides.

Ni los réferis, que se supone cumplen la labor de ser imparciales, se salvaron. Tim Donaghy, de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA, por sus siglas en inglés), fue descubierto filtrando información a los apostadores interesados en hacer apuestas en partidos de la NBA.

Donagy enfrenta 25 años de prisión por conspirar para cometer fraude en la transferencia electrónica de dinero, y transmitir información para apuestas a través del comercio interestatal.

Y qué decir de la superestrella del fútbol americano, el quarterback Michael Vick, cuyos pases, velocidad y versatilidad dentro del emparrillado lo proyectaban como el prototipo del jugador del futuro en la NFL, hasta que fue descubierto su negocio ilegal de peleas de perros.

Vick, cuyas camisetas con el número siete se vendían hasta en Japón como parte de la propaganda trasnacional de la liga, ahora se encuentra en desgracia y en la cárcel, en donde debe cumplir una condena de 23 meses.

Su futuro dentro del fútbol americano es incierto, pues el dueño del equipo para el que jugaba, Halcones de Atlanta, ha dicho que no volverá a vestir los colores de ese conjunto.

Otra que cayó en desgracia es la atleta Marion Jones, hasta hace unos meses considerada la “reina de las pistas”.

Una sustancia prohibida que utilizó para los Juegos Olímpicos Sydney 2000 fue la causa para el retiro, por parte del Comité Olímpico Internacional (COI), de las cinco medallas que logró en esa justa (tres de oro y dos de bronce).

Jones, quien fue la primera mujer que logró cinco preseas en unos Juegos al lograr el oro en las finales de 100, 200 metros y el relevo 4x400, y el bronce en longitud y el relevo 4x100, debe enfrentar ahora a la justicia y será sentenciada en enero próximo por haber mentido a las autoridades sobre el uso de esa sustancia prohibida.

Pero sin duda el escándalo más sonado fue la revelación del Reporte Mitchell, que puso al descubierto el uso de esteroides anabólicos en el béisbol de Grandes Ligas, deporte considerado el pasatiempo preferido por excelencia de los estadounidenses y una industria que genera miles de millones de dólares anuales para jugadores, entrenadores y dueños de equipos.

El jonronero Barry Bonds podría recibir el ponche de su vida, perder su entrada al Salón de la Fama de Cooperstown y terminar en la cárcel por mentir sobre el uso de sustancias.

Bonds de 43 años de edad y quien este año batió la marca de jonrones de la historia de las Grandes Ligas de 755 impuesta por Hank Aaron, encabeza una lista negra que vincula a 85 peloteros, entre ellos figuras como Roger Clemens y Andy Pettitte, con el uso de sustancias prohibidas en las Ligas Mayores.

Bonds podría ir a la cárcel ya que ha sido acusado por la justicia norteamericana de perjurio y obstrucción de la justicia, presuntamente por mentir cuando dijo que no usó esteroides a sabiendas.

Un caso aparte es la violencia que rodea a jugadores de la NFL, que este año estremeció al deporte con los asesinatos de Sean Taylor, de Pieles Rojas de Washington, tras un robo, y Darrent Williams, de Broncos de Denver, en un tiroteo en una carretera.

Pareciera que el lado oscuro del “circo deportivo” siempre está detrás de una cortina. Los casos de apuestas, uso de sustancias prohibidas, manejar bajo la influencia del alcohol y el abuso sexual no son nuevos en el deporte estadounidense.

Otro ejemplo es el del ex campeón mundial de boxeo Mike Tyson, quien entra y sale de la cárcel a menudo. La última vez que estuvo ahí fue el mes pasado, cuando tuvo que pasar un día en la prisión de Arizona por conducir ebrio y en posesión de cocaína.

Mientras las apuestas, salarios y premios monetarios aumentan en el deporte, también crece la dimensión en la que los atletas y entrenadores están dispuestos a enfrentar riesgos con tal de triunfar a toda costa.

Para Jomills Bradock, profesor de Sociología de la Universidad de Miami (UM), la obsesión por el triunfo y hacer lo que sea para lograrlo ha transformado los valores de la sociedad.

“Si por ejemplo Michael Phelps [el nadador] sólo gana seis medallas de oro en los Juegos Olímpicos [de Beijing], en lugar de ocho, es que se está quedando corto”, señaló Bradock.

Según el experto, la creencia de que el deporte forja el carácter siempre ha estado llena de contradicciones, pues muchas veces los atletas aprenden una disciplina, “al tiempo que se les hace fácil hacer una trampita que parece no ser tan importante si al final pueden salirse con la suya”.