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Entre la excitación sin límites provocada por la exhibición deslumbrante de un delantero fantástico, imaginemos por un instante algo insólito: de haber decidido jugar futbol en aquella época de las Pirámides en Egipto, renunciando a ser faraón, Ramsés hubiera querido ser una fotocopia de este Mohamed Salah, que es capaz de empujar al Liverpool a niveles insospechados de rendimiento destructivo, como pueden certificarlo el Manchester City de Guardiola y ahora el Roma, deshilachado, pese a esos dos goles de rescate que le permiten mostrar ligeras señales de vida. 

Salah desbordado

Dejemos eso flotando en lo especulativo mientras seguimos sentados en la butaca del asombro después de ver esos dos goles de Salah, inutilizando a tan formidable arquero como lo es el brasileño Allison, y realizando esas dos entregas a Mané y Firmino con “olor” a gol, estableciendo un vertiginoso 4-0, ampliado por un cabezazo de Firmino, que se suponía, destrozaba emocionalmente al atropellado Roma, girando frenéticamente por los círculos del infierno que nos grafica Dante. El 5-0 impactaba. El Roma, sonámbulo, no sabía dónde estaba ni qué hacer; el Liverpool en tanto, lo machacaba implacablemente.

Inesperadamente, el cadáver comenzó a moverse. Gol de Dzeko en el minuto 80, aprovechando una recepción clara en espacio vacío, dominio pleno y remate preciso, fuera del alcance de Karius. El gol del honor se decía en tiempos que ya caducaron. Pero el Roma fue más allá sin preocupar a la multitud en Ainfield, cuando Perotti ejecuta un penal en el 84 y abre la posibilidad de otro recorte. No, era demasiado. Las dos estocadas de Salah en los minutos 34 y 44, el dardo de Mané en el 55 y los goles de Firmino en el 60 y 67, no había dejado piedra sobre piedra. La reacción del Roma entre los escombros, le proporcionó algo de vida, pero la diferencia vista en la cancha, no permite esperar otra voltereta tan espectacular como la lograda frente al Barcelona.

Un gol para museo

El primer gol de Salah, incluso un literato antifutbol como Jorge Luis Borges, lo llamaría poético, y se levantaría a ovacionarlo. Fue desde la zona derecha del área, apenas un metro adentro, y el remate con zurda, con delicadeza de pincelazo y firmeza de martillazo. La exactitud milimétrica para que la bola en la escuadra, como caprichosa carambola, golpeara travesaño y poste. Imposible para Allison. El segundo, en contraofensiva veloz, con Salah penetrando por el centro, abriendo surcos y sobre la salida de Allison, la cachetada sutil de zurda para el 2-0. El tercero y el cuarto, con dos desbordes de Salah por la derecha y entregas express para los remates de Mané y Firmino, y el último, el cabezazo del brasileño sobre un centro largo.

¿Cómo frenar el ímpetu de este Liverpool tan suelto y dañino, con facilidad para abrir la cancha y fabricar espacios, y capaz de cañonear con prontitud? Ese tridente Salah-Mané-Firmino, se muestra muy efectivo. Terminó con el City, sin discusión el mejor equipo del futbol inglés, y ahora golpea en la cabeza y en el hígado al Roma. ¿Remontada? No vemos cómo, así se dispute en lo que queda de El Coliseo, con gladiadores uniformados de futbolistas.