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Hace varios años, el nombre de Ildefonso Agurcia, secretario general de la Federación Nicaragüense de Futbol (Fenifut), ha sido referencia en esa institución deportiva, por ser quien frecuentemente lleva la voz cantante ante los medios de comunicación. Así lo fue durante el corto mandato del destituido Jacinto Reyes y actualmente, con Manuel Quintanilla cargando la estafeta de presidente, lo ha sido aunque en menor medida.

En pocas federaciones deportivas, un funcionario con menor jerarquía que la del propio líder de la pirámide, ha tenido tanto protagonismo como Agurcia. Consecuentemente esto invita a preguntarnos ¿quién manda a quién en Fenifut?, mientras intentamos entender los roles de cada miembro de esa institución. Sobre todo después de ver al secretario salir airoso de una batalla legal que afrontó contra el exregente de Fenifut.

Ayer, como pocas veces, el sistema funcionó como debió ser desde hace mucho tiempo. Quintanilla compareció ante la prensa deportiva para anunciar la celebración del histórico amistoso entre las selecciones de futbol de Nicaragua y Argentina, el próximo 29 de mayo. El presidente de Fenifut oficializó dicho amistoso y brindó detalles del mismo, con Agurcia acompañándolo en la mesa de presidio, sentado a su lado derecho, como un espectador. 

Hace tres semanas, fue Agurcia quien se presentó ante los medios de comunicación en el Estadio Nacional de Futbol --donde ayer lo hizo junto a Quintanilla-- para acusar a los periodistas de perturbar las negociaciones que Fenifut sostenía con la Asociación de Futbol de Argentina (AFA), para la celebración del encuentro amistoso entre los combinados de ambos países. En aquella conferencia el secretario de la federación hizo alarde de la prepotencia que lo distingue.

Este martes, en la misma sala donde ninguneó a los periodistas, Agurcia tuvo la oportunidad de redimirse, si hubiese admitido que él fue responsable de que los medios de comunicación indagáramos sobre el tema en cuestión, después de que tomara protagonismo asegurando a una radio nacional que existían negociaciones para que se realizara el amistoso. Sin embargo, cobijado por su arrogancia, no dijo una sola palabra.

Ante la postura indiferente de su secretario general, Quintanilla tomó la palabra, como debe hacerlo un líder. “Quiero disculparme con la crónica deportiva, nosotros como dirigentes nos precipitamos al dar declaraciones, consecuencia de la euforia que nos invadía cuando nos informaron que Argentina tenía interés de jugar contra Nicaragua. Como es natural, los periodistas hacen sus averiguaciones. Me disculpo en nombre de Fenifut y les pido que sigamos trabajando juntos por el bien del deporte”, manifestó el regente de la federación.

¡Felicidades, Quintanilla! Debo admitir que pese a los señalamientos sin fundamentos de Agurcia, no me sentí aludido y mucho menos esperé que se disculpara, como finalmente sucedió. Pero la actitud de Quintanilla es digna de destacar, Fenifut necesita ser representada por alguien que respete el trabajo de los periodistas, que tenga diplomacia para dirigirse a sus similares y que reconozca sus errores cuando lo amerite, sin anteponer su ego.