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Un rey siempre debe parecer serlo, es una de las frases de Mufasa. Y este Real Madrid, aun zigzagueando entre las dificultades, siempre da la impresión de ser el rey de la Champions. Lo demostró ayer en Múnich, con menos posesión de balón y menor juego, pero imponiendo su presencia y su punch, sin perdonar errores, mostrando ese aire de superioridad graficado en la victoria por 2-1 en patio ajeno, dejando golpeado y arrodillado al poderoso Bayern, taladrado por los tempranos cambios de Robben y de Boateng.

En la Champions, con ciertas intermitencias como las provocadas por el Tottenham y el Juventus, el Madrid es un equipo arrogante que confía en su musculatura, su capacidad de agresión y hambre de triunfo. Pensando en obtener su 13 “Orejona” como se le llama al preciado trofeo, el Madrid ya tiene un pie en Kiev.

Los tres goles

El equipo Rey de Europa durante dos Champions seguidas, quedó atrás 0-1 por el taponazo de Kimmichi en el minuto 27, recibiendo de James en territorio despoblado por la derecha, extendiéndose en el sprint y apretando el gatillo con la precisión del pistolero Doc Holliday sobre la salida angustiosa de Keylor. Un rey siempre debe parecer serlo, y el Madrid respondió en el minuto 43, cuando un centro largo desde la derecha que pasó frente a Cristiano limitado a un amague de chilena, fue tomado de volea por la zurda de Marcelo, soltando ese latigazo que entró junto al poste izquierdo del arquero Ulreich estableciendo el 1-1.

El gol decisivo en el minuto 57, fue marcado por Asensio, quien entró de cambio por Isco, aprovechando una falla de Rafinha entregando equivocadamente a Lucas Vásquez, y dándole forma a una contraofensiva culminada por el zurdazo de Asensio para el 2-1.

Lucas Vázquez. jugador del Real Madrid.

No muertos, pero casi 

Tres paradas de Keylor, fueron decisivas para frustrar al Bayern en la búsqueda del urgente empate. El equipo alemán, consciente que llegar al Bernabéu obligado a devolver el 2-1 para forzar el tiempo extra o imponerse 2-0 —lo cual es exageradamente difícil— para eliminar al Madrid, fue más atrevido. Después del 2-1, matemáticos como Pitágoras o Tales de Mileto, dirían que está semifinal no está cerrada, pero se ve poco probable que el Madrid, de tanto crecimiento en cierres de Champions, flaquee en las puertas de buscar otra proeza. Los 10 saques de esquina cedidos por la defensa de Zidane, como agregado al 60.3 por ciento de posesión del balón del Bayer, ventaja alemana en remates tanto a puerta como afuera, y en conexiones, indican el nivel de agitación que registró el Bayern, y eso no fue ilusión óptica, sino algo real, más allá de algunos bajones de impulso. Pero el Madrid, sereno, sostenido por una sólida defensa jefeada por Ramos, y un medio campo de rápida transición para edificar contras, logró movil
izarse apropiadamente sin la pelota.

6 victorias consecutivas acumula el conjunto merengue sobre el Bayern de Múnich.

Un final frenético

El reloj apresuró al Bayern, pero sin precipitarlo quedando a riesgo, en tanto el Madrid supo administrar la cautela. No hubo tiempo ni para discutir por parte del Bayern, dos posibilidades de penal que lo hubieran favorecido. Sin la facilidad de penetración de Robben, ese constante generador de peligro, y sin la salida segura que ofrece Boateng, el Bayern presionó con un medio campo más funcional y con las incursiones del incansable y difícilmente controlable Ribery, y del impetuoso polaco Lewandowski. Frente a exigencias que a ratos se multiplicaban, la defensa de Zidane respondía con aplomo. En los últimos 10 minutos, el Bayern intentó mantenerse volcado, pero el temor a ser víctima de otra contra, lo forzó a no descartar la prudencia… Finalmente en la cima de la montaña, el rugido del rey de la Champions, custodiando el botín proporcionado por esa victoria.