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Estuve mirando la pantalla y LeBron siempre estaba ahí, haciendo algo incidente: disparando con acierto desde cualquier distancia, atrapando rebotes, robando pelotas, elevándose majestuosamente en los dos tableros, haciendo entregas desmarcándose de inmediato para las devoluciones, y sobre todo, llevando el balón hacia delante, junto con su corazón, resoplando como una locomotora embravecida. Un jugador total. Nunca antes los Cavaliers necesitaban tanto de él como ahora, en este séptimo juego de la primera ronda en los Playoffs contra el terrible molesto equipo de Indiana jefeado por Victor Oladipo. Los Cavaliers venían de ser derrotados estrepitosamente por 34 puntos (121-87) en el sexto juego, pese a la multiplicidad de esfuerzos de James. ¿Dónde conseguir los acompañantes que el astro necesitaba para hacer posible que el equipo de Cleveland sobreviviera en el juego decisivo? 

Voy a fijar un momento muy significativo en esta victoria por 105-101 que empuja a los Cavaliers a las semifinales de la Conferencia del Este frente a los Raptors de Toronto: Último cuarto. LeBron está encima de Oladipo presionándolo en la zona exterior. El jugador clave de Indiana, decide trazar una parábola buscando el enceste de tres puntos, pero no lo logra, la pelota rebota, y quien pelea la posesión y la consigue, es LeBron. ¡Diablos! ¿Cómo hace este hombre para estar en todos lados? Es el mismo LeBron lanzándose hacia el piso para disputarle un balón a Turner y desviarlo hacia un compañero, o batallando en un “mano a mano” entre las nubes, con Sabonis casi sobre el cesto. Vale la pena volver a ver el juego 7, para comprobar una vez más, la inmensidad de James, quien por segunda vez, caso único en postemporada, registró 45 puntos en un juego de vencer o morir. 

Un reto muy exigente

Se sabía que sería una serie difícil. El año pasado, los Cavaliers barrieron a los Pacers 4-0, pero la mayor diferencia fue de seis puntos, sin duda una fuerte advertencia, considerando que los Cavaliers al no responder Isiah Thomas, se habían visto vulnerables y que Indiana, obvió la pérdida de Paul George, al conseguir precisamente en ese cambio, a Oladipo, el muchacho de la Universidad de Indiana, quien creció con Orlando antes de ser enviado a Oklahoma. Para el Thunder no fue un soltar de joya tan ruidoso como el que hizo de James Harden, pero sí con gran significado. En esta ocasión, Indiana, moviéndose alrededor de todo lo que es capaz de hacer LeBron por intimidar a cualquier enemigo, como ya lo hizo con los propios Warriors, extendió al suspenso al juego 7, con todo Cleveland cruzando dedos después del 121-87 en contra en el sexto juego.

La importancia de tomar ventaja era imperiosa, y los Cavaliers entre los rugidos de una multitud ansiosa dentro de la incertidumbre, se volcaron. La temprana diferencia de 12 puntos 31-19 en el primer cuarto, colocó las riendas del juego en las manos temblorosas de estos Cavaliers tan exageradamente dependientes de LeBron. A distancia, Kevin Love, J. R. Smith y Tristan Thompson, lo apoyaron. Por lo menos, lo suficiente para demostrar que pese al impacto que provoca un jugador de la dimensión de James, el baloncesto es un juego colectivo. Cleveland entró al último período con dos puntos de ventaja y ganó  el juego por cuatro 105-101, con el brillo cegador de LeBron. El primer obstáculo ha sido superado, pero… ¿y el resto comenzando por Toronto? Eso está por verse. Hay serias dudas, a menos que “El Monstruo” siga haciendo estragos.