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El Roma buscará una hazaña mañana en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones contra el Liverpool, tras el 2-5 adverso de la ida, algo que supondría además una revancha tras la final de la Copa de Europa perdida en 1984 contra los “reds”.

Tras remontar y eliminar al Shakhtar Donetsk en los octavos de final y al Barcelona en los cuartos, el Roma se prepara para otra batalla en el Estadio Olímpico ante un Liverpool que le arrolló en la ida y que ve cerca el pase a la final de Kiev (Ucrania).

Sin embargo, pese al contundente 2-5 de Anfield, el Roma ya demostró tener las armas necesarias para crear problemas a la zaga de los “reds” y luchará por un 3-0 que ya endosó este año al Barcelona para dejarle fuera de la competición.

No le faltan motivaciones al Roma, que se ganó esta temporada la fama de “matagigantes” de Europa y que, tras llegar a base de sorpresas al último paso antes de Kiev, quiere hundir a un Liverpool que le infligió en 1984 una de las decepciones más grandes de su historia.

Si el Roma y el Liverpool son considerados este año como dos sorpresas del torneo, estos dos equipos eran unos colosos de sus respectivos países cuando alcanzaron la final europea de 1984, que se disputó el 30 de mayo precisamente en el Estadio Olímpico de la capital italiana.

La competición todavía se llamaba Copa de Europa y se medían el Liverpool del técnico inglés Joe Fagan, liderado por el galés Ian Rush y el escocés Kenny Dalglish, y el Roma del entrenador sueco Nils Liedholm.

Los “reds” eran un gigante del futbol europeo, tres veces consecutivas campeones de Inglaterra y triunfadores en la Copa de Europa apenas dos temporadas antes de esa nueva final.

Pagó caro

Pese a no tener todavía una corona europea, el Roma llegaba a esa final tras conquistar el año anterior el segundo “Scudetto” de su historia y con un once que contaba con jugadores como Roberto Pruzzo, Ciccio Graziani o el brasileño Paulo Roberto Falcao.

Esa final contra el Liverpool marcó de forma indeleble la historia del Roma, que llegó a jugarse la Copa de Europa en los penaltis tras el 1-1 de los 120 minutos anteriores, determinado por los goles del inglés Phil Neal, en el 13, y de Pruzzo, en el 43.

Todo aficionado del Roma nacido antes de los años 70 recuerda perfectamente esa tanda de penaltis: el conjunto italiano estuvo por delante 1-0, pero terminó pagando amargamente los fallos de Bruno Conti y Graziani.

Las paradas del meta zimbabuense del Liverpool, Bruce Grobbelaar, y el penalti decisivo transformado por el inglés Alan Kennedy permitieron a los ingleses levantar al cielo del Olímpico la cuarta Copa de Europa de su historia y acabar con los sueños de los romanos.