Edgard Tijerino
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Viendo jugar a este creativo, inspirado, relampagueante y mortífero Barcelona, nuestro Rubén diría como en Prosas Profanas: ese equipo es como un aire suave de pausados giros, con el hada armonía ritmando sus vuelos, dando la impresión de ser un desfile de ensueños y sombras.

Ciertamente, pese a las dificultades atravesadas frente al Valencia el sábado en la Liga Española, durante un empate 2-2 sellado por Henry, el fútbol del Barcelona, que enfrenta hoy al agresivo, pujante y complicado Chelsea, es como una poesía. Se trata de un equipo experto en “monólogos”, como lo demostró en el primer duelo con el Bayern alemán, provocando tantos destrozos, como un huracán entrando en el Palacio de los Cristales.

¿Quién duda de la espectacularidad que proporcionará esta batalla?
El Chelsea, uno de los cuatro grandes equipos de la mejor liga del planeta, la Premier inglesa, no bromea, sabe ir a fondo presionando, tiene una locomotora destructiva, como lo es Didier Drogba, y también al incansable y funcional Michael Ballack, al todoterreno Frank Lampard, al versátil Michel Essien, al francés Nicolás Anelka, de ágil maniobra y gran olfato, a Cole, a Ivanovic, a Terry, a Bowsingwa, en fin, un rival temible que en la última Champions disputó la final en Moscú con el Manchester United, empatando 1-1, antes de perder en los penales.

Pero el Barcelona, con tantas luces encendidas, parece un casino de Las Vegas. Lionel Messi, con su zurda prodigiosa y su genialidad, es el jugador más desequilibrante que podamos imaginar; Samuel Eto’o salió del vientre disparando al marco, elevándose y gritando ¡gool!; Thierry Henry, que se mueve tan sigilosa y velozmente como el fantasma de la ópera, tiene una maestría en La Sorbona utilizando los espacios vacíos. Ellos son los tres mosqueteros del fiero ataque azulgrana.

Agreguen el cerebro y la habilidad de Andrés Iniesta, quien con sólo 24 años asombra con su incidencia. Es un jugador polivalente, capaz de desplazarse por cualquier sector con un preciso sentido del desborde, la entrega, el anticipo, la conexión, y por supuesto, también la definición. Quiten a Iniesta y escuchen gemir al Barcelona.

¿Y qué decir del bravo e indomable Puyol, sacando chispas al frente de una defensa que tiene como soportes a Alves, Abidal, listo ya, a Piqué y a Márquez, capaces de garantizar la necesaria solidez? Una preocupación para el probable mejor equipo del mundo, como está considerado el Barcelona en estos momentos, es el juego aéreo del Chelsea, terriblemente dañino y que le concede ventaja en los tiros de esquina y centros.

¿Qué se espera? Que el Barcelona dibuje la geometría y el Chelsea utilice su ímpetu a veces demoledor. Dos estilos diferentes con suficiente fundamento para convertir el partido en misterioso de punta a punta. Pese a eso, pienso que hoy en el Nou Camp será muy difícil vencer a este Barcelona que parece un aire suave de pausados giros, con el hada armonía ritmando sus vuelos.