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Jonathan Loáisiga se preparaba para su quinta apertura de la temporada en Clase A Avanzada, cuando los Yanquis de Nueva York lo llamaron para notificarle su ascenso al equipo Trenton Thunder, sucursal Doble A de dicha organización. Enlistado en el roster de 40 de los Yanquis y considerado el lanzador con mejor control en las Ligas Menores de tal equipo, Loáisiga logra con esta promoción dar un paso significativo en su marcha hacia la cima del beisbol: las Grandes Ligas.

Desde su trabajo de un episodio sin hit ni carrera y dos ponches en el Spring Training de MLB hasta su más reciente presentación en Clase A Avanzada, Loáisiga no había hecho más que impresionar y demostrar que estaba listo para retos mayores. Sus envíos de gran velocidad y su control admirable se convirtieron en las herramientas que lo situaron en una especial posición entre los prospectos de los Yanquis, quienes ahora premian su entrega y potencial con este voto de confianza. Su evolución como tirador dominante y lo inmenso que estaba luciendo en el que ahora es su exequipo, son los principales argumentos para defender su escalada a una nueva categoría. 

Indescifrable

Dado su gran dominio desde el inicio de la temporada de las Ligas Menores, luciendo inalterable en cada una de sus cuatro presentaciones, los Yanquis decidieron que Loáisiga ya debía someterse a pruebas más exigentes, pues no tenía más que demostrar en Clase A Avanzada. Como abridor del Tampa Tarpons, Jonathan fue un enigma indescifrable, ya que en un total de 20 episodios sus rivales solo pudieron fabricarle tres carreras limpias, por lo que dejó una llamativa efectividad de 1.35. Además de su impecable récord de 3-0, Jonathan impresionó por solo otorgar una base por bolas y ponchar a 26 rivales, promediando más de un ponche por inning lanzado. 

De tal forma que el nicaragüense contaba en su currículum con los argumentos necesarios para optar a un ascenso y los Yanquis, atentos a sus movimientos, optaron por dárselo. Este nuevo logro en la carrera de Loáisiga llega justo cuando el pinolero da la impresión de estar convirtiéndose en un lanzador tan maduro en su carácter y tan consistente en sus ejecuciones, que cada vez que sube al montículo existe la certeza de que hará un buen trabajo. Esa seguridad que proporciona con sus envíos humeantes y certeros ha sido vital para ganarse la confianza de su organización. Jonathan sabe que subir a Doble A representa un reto difícil, pero también es consciente de su capacidad para agigantarse ante los grandes desafíos.