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Llegue a pensar que el fuego que Ichiro Suzuki trajo desde Japón a las Grandes Ligas en el 2001, no se apagaría nunca. ¡Qué ingenuo! A mis casi 75 años, navegando entre la fantasía, estaba volviendo a ser un niño, aquel creyente en la existencia de Superman, o de Charles Atlas como en el famoso cuento de Sergio Ramírez. De pronto, salgo de la esfera de la ficción como ha ocurrido en la política criolla, y aterrizo en la realidad. No, Ichiro no era inagotable. Tan obvio como que el 70 por ciento de apoyo ciudadano no era cierto.

 ​Indios a extender su dominio

Finalmente, los Marineros de Seattle, el equipo que lo contrató por 13.1 millones de dólares, arrebatándoselo a los Mets hace 18 años, decide quitarle el bate de sus manos, y aunque va a quedar vinculado con la casa club en diferentes tareas, le hace ver que su futuro estará en la oficina. La lectura de lo ocurrido al sacarlo de la alineación el jueves, nos dice que podríamos no volverlo a ver en el cajón de bateo, ni corriendo las bases, ni fildeando en el rincón derecho. El bateador gracioso de 3,089 imparables, capaz de debutar obteniendo los reconocimientos como Novato del Año y Más Valioso, y quien permaneció brillando tanto tiempo, se ha apagado.

Retando a Pete Rose

Reducido a sus 44 años a un pálido e insignificante porcentaje de 205 puntos en 15 juegos en esta temporada, Ichiro admitió haber estado consciente en estas primeras semanas, que el día final de su carrera, llegaría pronto. Ha sido, por amplio margen, el mejor pelotero japonés visto en las Grandes Ligas. Tenía 27 años cuando debutó en las mayores después de conseguir siete cetros de bateo y disparar 1,278 en el lejano oriente, no imaginamos que impactaría el beisbol de la forma como lo hizo.

 Pujols golpea puertas

Igual que Pete Rose pero en forma consecutiva, Ichiro registró 10 temporadas con más de 200 imparables, superó a George Sisler para establecer la nueva marca de 262 cohetes en una campaña, se apropió de dos títulos de bateo, uno presentando credenciales con 350 puntos, y su espectacular elevación hasta 372 en el 2,004, con el agregado de 56 bases robadas en el 2001. Un bateador zurdo sin “talón de Aquiles”, como un nuevo Ted Williams, el formidable japonés pensó poder extender su carrera hasta los 50 años, pero las Grande
s Ligas no funcionan como programas de complacencias. 

El bateador perfecto

Ichiro prefirió firmar con Seattle porque era la sede de la fábrica japonesa Nintendo, y la población de ojos horizontales estaba multiplicada. La agitación en las tribunas durante cada uno de sus turnos al bate lo convirtieron en la máxima estrella en casa. Ichiro era la anticipación antes de la tormenta. Su comienzo con los Marineros de Seattle fue casi mítico. Todos se referían a él. Daba la impresión de ser una versión Japonesa de “El Natural”.

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Observarlo, empujaba a un apuro por canonizarlo. De él se dijo que bateaba como Rod Carew, que tenía el control de bate de Tony Gwynn y era un estudioso del juego como Ted Williams. Que bateaba todo tipo de lanzamientos, casi siempre hacia los huecos y el pitcheo adentro no lo incomodaba golpeando con naturalidad hacia la derecha. Se agregaba en los elogios, que en los bosques era capaz de aproximarse en disparo a Roberto Clemente, correr como Lou Brock y hacer atrapadas como Ken Griffey. ¿Se imaginan todo eso junto en el mismo pelotero? Eso sí, carecía de poder y capacidad de producción, pero ¡qué importaba no ser una aproximación de Alex Rodríguez! El jueves, quedó la impresión que lo poco que quedaba del fuego que trajo Ichiro, se apagó.