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No se podía pedir tregua ni dar cuartel. No era un partido para flojos. Estaba diseñado solo para los duros, esos que no saben bailar como dice Norman Mailer en el título de uno de sus controversiales libros.

En cada instante, “el dinosaurio” del peligro inminente, estaba ahí, con cualquier uniforme, alterando nervios, hinchando pulmones, exigiendo al máximo, hasta que finalmente, con el Barcelona excediéndose en resistencia y capacidad para proyecciones riesgosas con un hombre menos, salvó el invicto en la Liga ya conquistada, registrando ese empate 2-2, obligando al Madrid a compartir sufrimientos.

Alarde de bravura

Seguramente, entrando a las brasas para el segundo tiempo, con la pizarra 1-1 y cojeando por la falta de un par de piernas después de ser dominados por el Real Madrid en el cierre de la primera etapa, los 10 “espartanos” del Barcelona jefeados por Messi, le dijeron a Valverde “haremos lo posible por fajarnos, confíe en nosotros”, y el técnico debe haberles contestado: “Eso es poco, hagan lo imposible”. Y lo hicieron. Batallando fieramente 49 minutos con esa desventaja, haciendo lo imposible, el Barsa salió de las Termópilas con un empate 2-2 que le permite conservar el invicto, abrillantando la corona conquistada. ¿Cómo fue posible eso? Con un alarde de bravura y atrevimiento. 

Cristiano, quien marcó el primer gol del Madrid equilibrando el juego 1-1, terminó lesionado los primeros 45 minutos y fue reemplazado, lo cual fue un handicap, no propiamente equilibrador para las necesidades imperiosas del Barsa “amputado”, viendo ingresar a Asensio, de gran movilidad, presencia en el área y certero disparo, pero estimable. La fiereza de Cristiano y lo mortífero de su juego aéreo no tienen fotocopia. Sin embargo, era obvio que un hombre más entre dos fuerzas niveladas cuando están completas, tiene un enorme significado. El equipo azulgrana, con el estímulo de su público, salió a fajarse tratando de multiplicar sus recursos sin dosificar su esfuerzo. ¿Resistiría?

Gareth Bale anotó el 2-2 en el segundo tiempo. AFP/END

Dos goles rápidos

Raramente ese Madrid que estaba llegando con tanta facilidad en la primera etapa, después de los súper agitados 15 minutos de inicio con los goles de Suárez enganchando de volea por la izquierda, un largo centro de Sergi Roberto desde la derecha, y el de Cristiano con taconazo a Kroos, centro del alemán hacia Benzema, cabezazo hacia abajo para la entrada de Cristiano aprovechando la reacción tardía de Piqué, tenía la pelota pero sin el ritmo de antes. El 1-1 permaneció inalterable por un estupendo achique de Ter Stegen que apuró a Cristiano entrando solo, y otra falla del portugués junto al poste derecho con el arquero vencido. En otro momento cumbre, fue útil para malograr una entrada de Messi, el estorbo que hizo Sergio Ramos, desequilibrando al argentino en el minuto 42, antes de la expulsión de Sergi Roberto a los 47 por un imprudente manotazo a Marcelo.

La mejor forma de resistir es sin bajar los brazos como recomendaba Leónidas. Y el Barsa se atrevió a moverse con mayor rapidez hacia delante, siendo a ratos más vertical que el Madrid, con mayor posesión posesión de balón, relación que terminó casi 50-50 después de la superioridad azulgrana en ese manejo fue de 58-42 en el primer tiempo. Falló Asensio una oportunidad muy clara dentro del área en el minuto 51, y casi de inmediato, Suárez recupera un balón, se abre paso con una falta sobre Varane y le plantean un avance dos contra uno a Sergio Ramos, solo en el fondo. La pelota llega a Messi, quien maniobra hacia su izquierda con esa destreza que el mundo le conoce, y clava la estocada rascando el poste derecho de Keylor, con una precisión milimétrica.

Cierre angustioso

De pronto el Barsa parecía haber recuperado a Sergi Roberto y en el minuto 54 fue necesario un off side discutido, para invalidar un gol de Suárez. Con Messi moviéndose como en un Nintendo apareció Keylor con dos notables atajadas, neutralizándolo, y en el minuto 71, un rato después de salir Iniesta de escena ingresando Paulinho, el gol de Gareth Bale, enderezando con su poderosa zurda, la entrega de Asensio a un punto despoblado, estableciendo el 2-2. Poco después, un claro penal a Marcelo, es ignorado por el errático árbitro, y los últimos minutos, incluyendo cuatro agregados, fueron de angustia extrema, desesperantes. Entre el masticar de uñas y retumbar de corazones, el 2-2 permaneció grabado en la Pirámide de Keops.

Al salir del Nou Camp, como un homenaje a semejante esfuerzo desplegado por los dos equipos, sobre todo al despliegue del Barcelona, se escuchaba imaginariamente ¡Qué se rindan los flojos! Hay momentos, en que solo hay lugar para los duros.