•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Siempre hay drama cuando se esfuma la posibilidad de concretar una proeza. Cuando cayó el telón sin poder realizar otra remontada histórica, el Barcelona derrotado 5-4, con su invicto hecho jirones, era un equipo destruido. Verlo agujereado de esa forma hizo recordar a Napoleón saliendo de Moscú, doblegado por el invierno en 1812. ¿Quién podía imaginar ver al Barsa desangrándose consecuencia de cinco estocadas clavadas por un bullidor, atrevido y más preciso Levante? 

En una época en que se están viviendo algunas historias increíbles, ver al equipo azulgrana atrás 1-5 ante el Levante en el minuto 55, era algo más grueso que una gigantesca pesadilla. Dos goles del brasileño Coutinho a los 58 y 63 completando un triplete, recortando 3-5, respondiendo a los tres dardos de Boateng y dos de Bardhi, le dieron forma en la imaginación a la posibilidad de un milagro. Sin embargo, no fue posible. El penal cobrado por Luis Suárez, estrechando 4-5 en el minuto 70, multiplicó la angustia y obligó a la intriga, a regresar apresuradamente a su butaca con los pelos de punta y los ojos agrandados. 

El portero del Levante UD Oier Olazábal despeja un balón durante el partido de la trigésimo séptima jornada de Liga en Primera División. EFE/END

Entre la incertidumbre

¿Qué podía pasar en los últimos 20 minutos? Muchas cosas. Una llegada del Levante dos contra uno con remate precipitado de Morales que hubiera ampliado 6-4 con Ter Stegen vencido, un derechazo de Coutinho por encima del travesaño, remate de Richini y posibilidad malograda de Suárez, presión alta del Barsa sin acierto en las entregas y el peligro latiendo de las contras que tan bien manejaba el Levante. No, finalmente no pasó nada. El marcador no se movió y la pretensión del Barsa de ser el primer campeón invicto desde los años 30 se fue al fondo del pozo.

Decir que sin Messi el Barcelona queda a riesgo frente a cualquiera, no es cierto. Por supuesto que no hay repuestos para Messi y Cristiano, pero un equipo de verdad, frente a un rival de los pequeños como es el Levante, número 15 en la Liga de España, a 44 puntos de los azulgrana, tiene el personal para resolver. Pero antes de entrar Piqué, el Barsa estaba resultando un desastre. Ni Vermaelen ni Mina funcionaban como centrales, Jordi Alba registró uno de sus peores juegos, Rakitic se vio desorientado y las pérdidas de balón fueran incontables, lo mismo que las entregas erráticas. 37 Jornadas  sin perder acumulaba el Barcelona en la Liga de España. EFE/END

Dos tripletes

Admito, que si Piqué fue tan incidente, un ingreso de Messi desde el banco hubiera sido importante, pero el argentino estaba en Barcelona, distante, y aunque Coutinho ofreció una gran demostración con su primer triplete, no se logró un completo resurgimiento, porque los tres goles de Boateng golpearon en la mandíbula al equipo azulgrana y dejaron contra las cuerdas. La velocidad, mejor manejo de las proyecciones y, sobre todo, precisión para definir, le proporcionaron ventaja asombrosa de 5 por 1 al Levante. La inferioridad del Barsa era evidente y lo vimos expuesto a la catástrofe, mansamente.

Ni siquiera con la remontada observamos un equipo campeón. Se acercaron al empate y casi lo logran, pero sin real merecimiento. Una imagen triste, desaliñada, fue la que dejó el Barsa al entregar su invicto con una defensa brutalmente agujerada. Los dos goles de Bardhi, la desnudaron. Ahora sabe Valverde cómo se sintió Napoleón saliendo de Moscú. Destruido.