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Otro traspiés y Los Cavaliers se sentirán desnudos entre los muertos. No se recuerda, desde los tiempos en que Moisés abrió el Mar Rojo, un regreso de 0-3 en postemporada en la NBA. Es lo que, con LeBron James al frente, el equipo de Cleveland tratará de evitar esta noche impulsado por su público. Ayer, afilándose para esta batalla, LeBron acertó 15 disparos consecutivos desde la zona de tres puntos, provocando una gran impresión.

Claro, una cosa es hacerlo en entrenamiento, y otra entre las brasas, aguijoneado por las exigencias del juego. Tirando largo, LeBron estuvo de 5-0 en el primer duelo y de 11-5 en el segundo. Así que necesita más precisión para bombardear desde afuera, lo que explica su empeño previo al tercer juego. Sabe que no puede fallar, porque sería mortal. Los Cavaliers no tienen el funcionamiento de los Celtics, capaces de distribuir esfuerzos entre seis hombres con cifras de producción parecidas. 

Un oleaje armónico

No está con el equipo de Boston su pilar fundamental Kyrie Irving. Hace falta por supuesto, pero por largos momentos, Terry  Rozier lo reemplaza, o Jaylen Brown, o Jayson Tatum. Y está Al Hortford asumiendo el liderazgo, con aportes de Marcus Morris y Marcus Smart. No son los Celtics un equipo dependiente de alguien. No tienen un LeBron, ni un Harden. Obviamente sería bueno, pero no lo necesitan.

No han sangrado y llorado por las pérdidas de Gordon Hayward y Kyrie Irving, con quienes pensaban brillar más intensamente que como lo hicieron cuando ganaron 13 juegos seguidos después de las dos primeras derrotas. Con la bola el movimiento, los Celtics parecen un oleaje armónico. Agilidad, dureza y precisión. Ya demostraron que pueden aguantar lo mejor de James. Un triple doble del “Monstruo” con 42 puntos, no les impidió venir desde atrás y golpear en la mandíbula a los Cavaliers  superándolos por 13 puntos.

Tyronn Lue, desesperado

El 0-3 adverso te coloca la soga al cuello y provoca tanto pánico, como encontrarse en el Titanic mientras se hunde. Es natural. Estos jóvenes Celtics nunca soltarían una ventaja de ese tamaño. Como en cada juego de los Cavaliers, y lo vimos contra los Pacers de Indiana en serie extendida al límite de siete juegos, LeBron pese a su inmensidad, necesita apoyo, no solo de Love, sino de Smith, de Korver y Thompson, sin olvidar a Hill.

Pero nunca funcionan todos al mismo tiempo, a veces ni dos de ellos, y el entrenador Tyronn Lue se aproxima a la desesperación. No crean que LeBron no es afectado. En lugar de sentirse en una trampa, él estaría feliz entre los Celtics. Suelto, alegre y hasta más dañino aunque sin tan grandes cifras. Por entrar en pánico, los Cavaliers están urgentes de ser un equipo de verdad, algo más que contar con un súper LeBron.