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Pudo ser una victoria más amplia, incluso rotunda, pero el impetuoso y a ratos majestuoso Manchester, un auténtico equipo de alto voltaje, se tuvo que refugiar en el gol de John O’Shea para derrotar 1-0 a ese aturdido Arsenal, con Adebayor oscurecido y necesitando del aporte del ruso Andrei Arshavin, inhabilitado por haber jugado con el Zenit en el inicio de esta Champions.

Como local en Old Trafford, el Manchester utilizó su potencia física, velocidad y movimientos envolventes para mantener bajo presión al Arsenal, tomándolo del talle en ciertos momentos pese al accionar de Cesc Fábregas, haciéndolo girar.

Fue llamativa la importancia alcanzada por el argentino Carlos Tévez, quien supo funcionar como “ombligo del huracán”. Utilizando un pulmón extra, Tévez corrió tanto como Bikila en dos maratones olímpicos, pero a gran velocidad, dando la impresión que nunca se detuvo, sacándole provecho a un sentido tridimensional para desplazarse, hacer entregas, construir paredes y disparar. Fue suya la primera oportunidad clara del juego obligando a una estupenda reacción del arquero Manuel Almunia.

El gol de O’Shea a los 17 minutos, ubicado detrás de la agitada defensa del Arsenal, como si fuera un fantasma en el despoblado sector derecho, recibiendo de Carrick desde el otro lado, una pelota que pasó entre los perfiles de Tévez y Cristiano Ronaldo, permitió al Manchester establecerse con autoridad y tranquilidad, y garantizar una ventaja reflejada en 14 tiros al marco por cuatro del Arsenal, con cuatro servicios desde las esquinas.

Demasiada confusión en el Arsenal frente a un rival con ideas tan precisas, capaz de ir a fondo con criterio y destreza, con mucha determinación y el necesario rigor futbolístico, como lo fue el Manchester. Hay que jugar muy buen fútbol y tener el atrevimiento requerido para poder fajarse con el actual Campeón de la Champions, y el Arsenal estuvo alejado de esa posibilidad, viéndose disminuido en sus pretensiones.

Una sola oportunidad de Adebayor y el trabajo de Fábregas no bastaron para fabricar suficiente peligro frente a una defensa, en la que Ferdinand parecía un obelisco imponente, en tanto Vidic y Evra aseguraban rápida progresión con una facilidad insospechada, mientras por el medio, Anderson, galvanizado, producía desbordes continuos.

El cabezazo de Cristiano sobre ese centro de Tévez al minuto 29 exigió la mayor prontitud de reflejos de Almunia para evitar el gol; el cañonazo desde lejos del mismo Cristiano a los 69, que sacó astillas del travesaño, parecía una estocada cantada, pero se desvaneció entre los aullidos de la multitud; el disparo rasante de Carrick, dos penetraciones desequilibrantes y la escapada de Giggs con pelota en las redes, anulada por una discutible posición adelantada, certifican los méritos acumulados por el Manchester.

El 1-0 en contra no es tan rompecorazones para el Arsenal como su sometimiento. Sin embargo, el próximo martes, en casa, buscará un resurgimiento no necesariamente épico, frente al equipo de más pegada y mayor voltaje en el fútbol inglés, como lo es este Manchester.