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Un raro Vicente Padilla fue vencido 4-2 por los Atléticos de Oakland. No es posible que con tanta rapidez, el original desaparezca. Sólo puede ocurrir en las novelas, cuando el escritor decide en qué página muere el protagonista, como lo hizo Norman Mailer con Hearn, en su gran trabajo Los desnudos y los muertos.

Frente a Oakland ayer, vimos otro Vicente Padilla, sin el poder que pareció haber recuperado en su salida previa. Sólo uno de sus 100 disparos, superó la barrera de las 90 millas a lo largo de seis entradas, y fue hecho a Matt Holliday en el tercero. ¿Qué es eso?, ¿Desde cuándo un pistolero como Vicente, prefiere curvas, cambios y los intentos de “matar suavemente”, a sus bolas humeantes?
Si teníamos alguna duda, ya no. Algo pasa, que el brazo del pinolero ha perdido ese “zip” que intimidaba, acelerando ruidosamente mientras se acercaba al plato. Ese es el Padilla que queremos ver, y que reactivaría el interés de los Rangers por una extensión de contrato que permanece engavetada.

Durante las primeras cinco entradas, Padilla supo torear a los bateadores de Oakland variando velocidades, puntos de aterrizaje y manejando quiebres que alternó con rectas entre 87 y 89 millas. De esa forma, colgó sólo ceros en la pizarra, pero nuestras uñas, producto de las nerviosas mordidas, cada vez estaban más cortas, con una interrogante agigantada sobre el futuro inmediato.

Era “otro Padilla”, pero entraba y salía ileso de las dificultades, hasta que en el sexto, después que Texas malogró una estupenda posibilidad de irse arriba, Oakland fabricó su primera carrera. Fue sencillo: doble abridor de Kurt Suzuki, roletazo de Travis Buck para colocarlo en tercera, y un fly lo suficiente distante de Landon Powell facilitando la primera anotación del juego.

Y en el séptimo, el agobio a piquetazos: hit de Erick Petterson, otro dentro del cuadro de Ryan Sweeney, que fue ajustado, y uno más de Orlando Cabrera para llenar las bases sin out. Washington dijo “!no más!” y llamó al zurdo californiano de 39 años Eddie Guardado, quien boleó a Cust para el 2-0, y permitió fly de sacrificio de Suzuki que estableció un preocupante 3-0 en el marcador.

Jonrón solitario de Blalock en el octavo recortó la diferencia, pero un fildeo monumental del jardinero central Ryan Sweeney, robándole un jonrón a Ian Kinsler con dos a bordo, mostrándose como un acróbata del Circo del Sol, evitó que el bateo de Texas volviera a sacar a Padilla del hoyo.

Oakland fue por algo más contra Jason Jennings y aumentó su ventaja 4-1 en el noveno, ahogando la carrera conseguida por los Rangers en el cierre, producto del jonrón disparado por Andrew Jones, sellando el 4-2. Ahora, el raro Padilla que estamos viendo, gana 1 y pierde 2 con 7.43 en efectividad en 26 entradas y dos tercios, ponchando a 19 enemigos. Terminó abril, pero en las puertas de mayo, los fantasmas del temor siguen ahí, frente a las ventanas, tirando dardos envenenados a nuestras ilusiones.


dplay@ibw.com.ni