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Hay algo que reconocerle y agradecerle a este formidable Real Madrid, y es que se trata de un rey que siempre da la cara, que nunca se esconde, que asume sus responsabilidades y que finalmente triunfa como lo hizo el sábado, cediendo espacios aunque no la pelota, utilizando con destreza suficientes tranques, como lo son: Sergio Ramos jefeando una defensa que después de los primeros 18 minutos tormentosos, supo manejar dificultades; los centrocampistas Modric y Kroos que sujetan, establecen conexiones y se proyectan; los laterales Marcelo y Nacho que funcionó como reemplazo del lesionado Carvajal; y en el fondo, entre los maderos, Keylor, el arquero tico que sabe agigantarse frente a las exigencias de lo inesperado como una muralla. Un rey debe parecer serlo en todo instante, sobre todo, aplicando criterios apropiados, razonables, que le permitan exhibir su capacidad para gobernar un juego.

Saltando entre alardes

Ya lo he escrito, pero vale la pena repetirlo ahora después de esa victoria por 3-1 sobre el agresivo Liverpool, que le permite al Real Madrid atrapar su 13 Champions y tercera consecutiva, lo que es un alarde sin precedentes: Si somos fanáticos del futbol, un deporte de los más apasionantes, qué importa que el sol nos queme, que la lluvia nos empape, que los nervios nos alteren, que las emociones aprieten nuestros cuellos y que los corazones retumben aproximándonos al riesgo como cuando se grita ¡Libertad!, si existe el Real Madrid, este equipo que se abre paso entre lo grandioso con una variedad de recursos ofensivos agregados a su impetuosidad, entre ellos las espectaculares chilenas del fantástico Cristiano y de Gareth Bale 

Los capitanes del Real Madrid, Marcelo y Sergio Ramos, levantan la copa de la Champions League en la Cibeles. EFE/END

Hemos visto equipos inolvidables como el Barcelona de Guardiola, un extraordinario fabricante de magia, casi tanto o quizás más, que el Brasil de 1970 con el liderazgo de Pelé, otro Rey que nunca fue príncipe, acostumbrado a mostrar la cara en todo instante. Sin embargo, parafraseando a Humprey Bogart en Casablanca “siempre quedará el Real Madrid”, un equipo que ha atravesado exitosamente diferentes etapas entre la furia de Di Stéfano y el impacto de Cristiano, pasado por “La quinta del Buitre” y la era de “Los galácticos”. Es el equipo ganador de 13 “Orejonas”, cifra quizás inalcanzable por otro equipo en estos tiempos tan difíciles de prevalecer, con solo una asignatura pendiente: ganar un triplete.

Cristiano, esa fiera

Se dice que el crack está rodeado de cierto dramatismo, y podríamos agregar que necesariamente de figuras útiles, como ocurrió con Jordan, Pelé, Di Stéfano, Zidane, Ronaldo, Messi, incluso Diego, que no puede subestimar a quienes hicieron de sus trazos geniales, goles imperecederos en la historia.

Ese es el caso de Cristiano Ronaldo, precisamente esa compañía le ha permitido a Zidane sacarle el máximo provecho como un delantero total, capaz de aparecer por izquierda o derecha, o entrando vertiginosamente al área. Mereció marcar contra el Liverpool, algo que se le negó por estar lastimado en la final de la Eurocopa, pero Karius entre su inseguridad, supo cerrarle espacio en un disparo desviado entrando por la derecha y devolviéndole un cabezazo asestado en posición discutible.

Más adelante, falló raramente una oportunidad clarísima permitiendo que la pierna del incansable Henderson, un eficaz mastín, llegó antes evitando el remate limpio. Al Cristiano actual no se le pide magia, sino capacidad de destrucción, y lo hace impresionantemente. Una vez más fue líder goleador con 15, pese a no marcar en semifinales y en la final, lo que demostró la funcionalidad como equipo del Real Madrid. 

Los jugadores del Real Madrid alzan a su entrenador Zinedine Zidane en la celebración por ganar su 13va Champions League. EFE/END

El Real Madrid puede matar de diferentes formas. Aún siendo tan discutido y hasta subestimado, la utilidad de Benzema es obvia, como la presencia autoritaria y facilidad para flexibilizar el juego de Modric, los quiebres de Isco, los trazados de Kroos, los desbordes de sus laterales, las cabezas de sus centrales, las recuperaciones de Casemiro, las atajadas de Keylor y la presencia intimidante de Cristiano.

¿Y qué decir del banco? Este Madrid se da el lujo de sacar a Benzema para que entre Bale, reemplazar a Isco por Asensio, Nacho por Carvajal, tener listo a Lucas Vázquez y Kovacic. Otro equipo altamente competitivo. Eso explica por qué es el rey, un rey que siempre da la cara, que nunca se esconde, que asume responsabilidades.