Edgard Tijerino
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El mundo del boxeo se sintió hecho pedazos cuando Joe Louis se acabó. Rocky Marciano era destructivo, invencible, admirado por su valentía, pero no tenía el carisma de Joe ni se metía tan profundamente en el alma de las multitudes; cuando Larry Holmes se paró sobre la sombra de Muhammad Alí, su grandeza quedó muy distante de la alcanzada por el Profeta; igual ocurrió con Terry Norris, el impecable e implacable victimario de “Sugar” Leonard, quien parecía ser una leyenda en construcción.

Hay que atravesar por campos minados impactando para tomar el lugar de los grandiosos. Manny Pacquiao asombró al planeta y lo hizo girar al revés, apaleando brutalmente a Oscar de la Hoya hasta obligarlo al retiro, pero, ¿podrá alcanzar su incidencia como máxima atracción?, ¿pagaría usted por ver a Pacquiao pelear con su sombra, o con cualquier insignificante como Castillejo o Forbes?.

Se supone que venciendo a Oscar de la forma como lo hizo Pacquiao, te acerca al cima del Everest, y el formidable filipino intentará mañana continuar esa proyección, neutralizando la impetuosidad de Ricky Hatton, púgil únicamente superado por un excepcional Floyd Mayweather. Si lo logra, haciendo prevalecer esa mezcla de destreza, audacia, potencia y experiencia, como la mayoría piensa, estará en la ruta, le parecerá estar tomando el ascensor en el Empire State en busca de las nubes.

La carrera de Pacquiao, con 48 triunfos, 3 derrotas y 2 empates, ha sido impresionante viéndolo crecer desde las 112 libras hasta las 147, en lo que se pre-consideró como una imprudencia temeraria frente a De la Hoya, quien supo mantenerse como el mayor factor de producción del boxeo, contra viento y marea. “Yo lo vi pelear” se convirtió en el mayor timbre de orgullo para el aficionado.

Como Louis, como Alí, como Leonard, y como Oscar, Pacquiao ha sido tumbado, cortado y derrotado, pero tiene todavía mucha cuerda por delante antes del inevitable momento de tirar la toalla. De hecho, en estos momentos es la figura cumbre, sólo discutible si ocurre el probable retorno de Mayweather, y su espectacularidad puede convertirlo en otro “factor” con la repercusión de Oscar.

Él está batallando por eso. “Quiero que mi nombre esté en el máximo nivel. Por eso es importante para mi ganar cada pelea. Tengo que hacer cosas que obligue a que me recuerden”, dijo a Steve Kim de Boxing Max. “El ya tiene el nivel de superestrella, y el reto de Manny no sólo es mantenerlo, sino hacerlo crecer”, apunta su adiestrador Freddie Roach.

En un momento en que su futuro es más resplandeciente que nunca antes, Manny Pacquiao, protagonista de épicas batallas con Marco Antonio Barrera, Eric Morales y Juan Manuel Márquez, verdugo de Oscar de la Hoya, número uno en el ranking libra por libra, y buscando como abrazar al mundo con su grandeza, se enfrenta mañana en Las Vegas al peligroso golpeador Ricky Hatton.

En medio de especulaciones emocionantes y teorizaciones extravagantes, debe ser un peleón.


dplay@ibw.com.ni

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