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Estamos atravesando por un largo momento tan intensamente dramático, manchado de sangre en forma siniestra, que todo nicaragüense, en cualquier rincón del planeta, se siente aguijoneado, y por supuesto también involucrado, directa o indirectamente, como ocurrió con Denis Martínez, quien en Grandes Ligas, era conocido sin el menor pincelazo de ironía, como “El Presidente”, y que en muchas ocasiones fue considerado un potencial candidato, sin que él, con humildad y sensatez, lo tomara en serio. 

Siempre comprometido

Desde antes del estallido del 18 de abril, Denis se encuentra en su hogar en Miami, junto con Luz Marina su esposa y cerca del resto de su familia, cuatro hijos. Me consta por la vinculación de amistad que tengo con ellos desde hace más de 40 años, que Denis nunca ha sido indiferente a los problemas que afectan al país de diversas formas.

Lo hemos visto tanto en Miami como en Atlanta o en cualquier lugar que se encontraba, al frente de comités de ayuda, varias veces creados por él mismo, para hacerse presente en tragedias nacionales.

Cuando salió de aquí, Nicaragua era otro país. El estadio que lleva su nombre, reconocimiento que agradeció con amplitud, cobijado de orgullo y satisfacción, era una joya reluciente. La juventud parecía adormecida, aunque realmente se estaba aproximando al punto de ebullición sigilosamente, pendiente del momento apropiado, sin contaminarse de la política criolla.

Cuando esa juventud pensante, cultivándose en las aulas universitarias, entre tanto acorralamiento acompañado de sometimiento, salta enérgicamente al tapete reclamando otro país, Denis está entre los sorprendidos, igual que cada uno de nosotros.

Afecta lo repulsivo

Es golpeado cuando por medio de la efectividad de las redes sociales, ve imágenes de gente habilitada para actividades represivas, que se encuentran en el estadio, y desde ese sitio, salen a seguir órdenes. Obviamente, para él, lo mismo que para cualquiera con un mínimo de humanismo, eso es repulsivo. “Es un lugar que yo soñaba nos reuniéramos para disfrutar del deporte.

Espero que comprendan, no tengo ninguna injerencia para determinar de qué forma usarlo, pero por respeto a mi persona y por lo que creen he significado, no lo usen para fines violentos”.

Pienso que Denis se siente desarmado, y es natural, pero al mismo tiempo debe sentirse estimulado observando cómo la resistencia cívica le ha dado un giro a las consideraciones sobre el uso del poder y la capacidad de reclamar en este desventurado país.

Su comunicado está revestido de la prudencia que siempre ha caracterizado a quien nunca ha insinuado siquiera una pretensión política, y consecuentemente es un incontaminado, solo dispuesto a ofrecer y garantizar su ayuda, cada vez que sea necesario. Solo eso.