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Durante tres años consecutivos, en los juegos de finales en la NBA, no hemos visto desbordes realmente estremecedores de Stephen Curry. Antes del domingo por la noche, quedaba para el recuerdo su incidencia en el cuarto duelo de la serie del 2016, siempre contra los Cavaliers de LeBron. Los Warriors habían ganado sus dos juegos en casa, pero víctimas de la furia de James, perdieron por 30 puntos el tercero en Cleveland. Quizás no era para asustarse, pero revisando mi crónica de ese juego, en el inicio del último cuarto, con solo dos minutos de recorrido, un doble de LeBron adelantó a los Cavaliers 83-81 y la posibilidad de forzar el empate 2-2, adquirió forma. Fue entonces que apareció Curry y completó una actuación de 38 puntos con par de dobles, su séptimo triple del juego y seis tiros libres, para terminar deshilachando al equipo de Cleveland en una victoria 108-97. “Me sentí lo máximo”, dijo Curry ese 10 de junio, antes de sentirse destruido cuando, aprovechando un crecimiento desproporcionado del “Monstruo” James, los Warriors, que venían de establecer el récord asombroso de 73 triunfos, fueron derrotados tres veces consecutivas para perder el botín.

LeBron James se ha visto abandonado por su equipo. AFP/END

Barbas en remojo

En ese 2016, Kevin Durant no estaba con los Warriors y el brillo de Curry comenzaba a intensificarse. Hoy, sin llegar a conseguir aquellas cifras y después de una temporada cargada de lesiones, los Warriors con cuatro jugadores All Star, Durant, Curry, Draymond Green y Klay Thompson, están persiguiendo su tercera corona en cuatro años. Eliminando a los temibles Rockets de James Harden, los Warriors fueron colocados como claros favoritos para imponerse en esta final en un máximo de seis juegos, con gran posibilidad de hacerlo en cinco, sin descartar la barrida. Y es que con Kevin Love algo cojeante, LeBron James se veía en la soledad de su inmensidad, lo cual, como ha sido comprobado en las dos primeras batallas, no era suficiente para saltar encima de un equipo de la dimensión de Golden State. Sin embargo, el susto mayúsculo que provocó escalofríos en los Warriors al sentirse casi doblegados en el primer duelo, con Hill listos para ejecutarlos con un tiro libre fallido y después con Smith balón en mano, viéndose obligados a viajar hacia un tiempo extra que resultó desequilibrado, hizo que el equipo de Kerr, saltara a la cancha en el segundo enfrentamiento con sus barbas en remojo.

Cerró con 5 triples

Por salir de casa, Golden State, que en el 2019 estará jugando en San Francisco, no podía titubear, y con dos filtradas de JaVale McGee, un doble de Durant y otro de Curry, saltaron al frente 4-0, 6-2 y 8-4. Los Warriors nunca soltaron las riendas pese a la multiplicación de esfuerzos de James y el apoyo de Love. Con 29 puntos, 13 asistencias, 9 rebotes, 2 robos y 2 triples, sin detenerse un instante durante los 44 minutos que estuvo en la cancha, LeBron volvió a excederse. Merecía el triple doble. Pero escrito estaba que sería la noche de Stephen Curry. Su inicio con 7 puntos, 5 asistencias, 2 rebotes y un triple en 5 intentos en el primer período, ganado por los Warriors 32-38, fue alentador, y su crecimiento, terminó siendo espectacular, apareciendo con su cañoneo largo, cada vez que los Warriors lo necesitaban. La ventaja de Golden State de 59-46 en la mitad del trayecto, pareció tranquilizante, pero en el tercer período, los Cavaliers se acercaron peligrosamente 76-73 logrando alterar nervios. Pese a eso, los Warriors entraron al último cuarto con ventaja 90-80 y Curry  que tenía cuatro triples, bombardeando el cesto enemigo para agregar cinco y establecer marca de nueve, borrando los ocho de Ray Allen, garantizando una amplia victoria de Golden State por 19 puntos 122-103. El público permanecía en pie, como si esperara algo más del show de Curry, viendo brillar sus cifras: 33 puntos, 7 rebotes, 8 asistencias y el récord de 9 triples.