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Después de 20 juegos en una exigente postemporada, eliminando a los Pacers, barriendo a los Raptors y frustrando a los Celtics, LeBron James, el “Hércules” de la NBA, “as” de los Cavaliers, con un ojo golpeado por Dryamond Green, sintiendo que brazos y piernas pesan una tonelada, recibe otra tarea para esta noche, tan difícil como quitarle la piel al León de Nemea o cortar las cabezas de la Hidra de Lerna, y es sacar del hoyo al equipo de Cleveland que se encuentra atrás 0-2 ante los crecidos Warriors de Golden State. Cierto, la final del 2017-2018 se traslada hoy a la casa de los Cavaliers y LeBron es capaz de misiones imposibles, pero no creo que puedan ganar los dos juegos y evitar regresar a Oakland en desventaja de 1-3. Ya estuvieron en esa situación hace dos años, empujados por la furia de James y reaccionaron con tres triunfos seguidos, pero no podrán volver a hacerlo. 

Curry, encendido 

Para el equipo de LeBron, perder esta noche equivale a resignarse a morir, porque no se conoce caso alguno en la historia de la NBA, de un resurgimiento de 0-3. Lo más dramático para los Cavaliers es que no le pueden pedir algo más a James, quien se ha excedido en su rendimiento global. Está en todas partes y siempre ofreciendo aportes significativos.

Sus 51 puntos, en un casi triple doble, no impidieron que los Warriors ganaran el primer juego en tiempo extra, y después, arañar otra posibilidad de triple doble en la segunda batalla, con 29 puntos, 4 menos que Curry, aunque sin jugar los últimos 4 minutos, tiempo que de ser usado seguramente le hubiera permitido volver a superar los 30, fueron tragados junto con 12 asistencias, 9 rebotes y 2 robos, más la intensidad sin pausas que garantiza, en un cierre de pesadilla para los Cavaliers. No se conoce otro caso parecido de un jugador que se agiganta juego tras juego incansablemente, cargando sobre sus espaldas un equipo no favorito, para llevarlo constantemente a finales, llegando incluso a darle forma a resultados improbables. Bill Russell con los Celtics y Jordan con aquellos Bulls, siempre fueron favoritos.

Obvia superioridad de Warriors

En las puertas del tercer juego, todas las miradas son para los Warriors, por ser un equipo lo necesariamente compacto para escapar a LeBron. La regularidad de Kevin Durant es impresionante, así como la reactivación plena de Curry como factor desequilibrante y tirador largo mortífero, más lo que aporta Draymond Green armando, interceptando y en los tableros, y el cañoneo insistente de Klay Thompson pese a su tobillo golpeado, hacen obviar la falta de André Iguodala.

En el otro lado de la acera, James no tiene la misma compañía. Ni siquiera Kevin Love es predecible como soporte, entre responder y apagarse. Su utilidad hasta hoy no se discute, y LeBron necesita de eso y “algo más” urgentemente. Hill, Jeff Green y J. R. Smith, son inciertos, así como Kyle Korver y Larry Nance, en tanto, Tristan Thompson exige más minutos asegurando sentirse lo necesariamente bien… La banca de los Warriors es funcional con ingresos como el de McGee, quien impuso el ritmo en el inicio de juego el domingo, Shawn Livingston, Nick Young, David West y Looney… La gran posibilidad de los Cavaliers, además de jugar en casa, es tener a James. Pero por ahora, aún con él a toda su capacidad, los Warriors están adelante 2-0, y no van a soltar el botín.