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Hace ya algún tiempo que las expectativas alrededor de Jonathan Loáisiga, el destacado prospecto nicaragüense de los Yanquis de Nueva York, parecen volverse muy exigentes y esto no es más que su propia culpa, pues él, empeñado en enrumbarse hacia la cima del beisbol, logra en cada presentación desde el montículo un agigantamiento tan admirable que hasta ridiculiza cualquier proyección que se haya hecho sobre su trabajo. Lo hizo en su última apertura conquistando una victoria tras dominar a 15 de los 16 bateadores que enfrentó, a la vez que propinaba ocho ponches y no concedía bases por bolas. Es decir, en los enfoques previos uno le pone límites a su capacidad, pero él, haciendo alardes de su potencial, se encarga de poner más alta la barra. 

Invicto en nueve aperturas en la actual temporada de Ligas Menores, brillando primero en Clase A Fuerte y sobresaliendo luego en Doble A, Loáisiga parece estar listo para subir un peldaño más en su ruta hacia la cúspide. De eso están conscientes los Yanquis y por ello, además de tenerlo en el roster de 40, se mantienen atentos a su desarrollo. Este especial seguimiento que le da la organización de los “Bombarderos del Bronx” al nica es responsabilidad de él mismo, pues a base de una entrega sin límistes ha conseguido mostrarse evolucionado en su técnica de lanzar y en pleno estado de madurez en cuanto a carácter. Su crecimiento, en todas las facetas necesarias para avanzar dentro de una franquicia es incuestionable. 

¿Cómo negarlo?

Misión imposible es poner entre dudas la calidad y el potencial de Loáisiga, quien debutó en Ligas Menores en el 2013 y ahora mismo tiene 23 años. Cuestionarlo sería como enfrascarse en una lucha contra la lógica, es decir, en una batalla que está perdida desde antes del primer campanazo. Basta con revisar sus estadísticas para saber que el joven pistolero tiene un gran futuro simplemente porque está viviendo un gran presente. Estaría fuera de razón quien dudara del dominio de Jonathan cuando sumando sus actuaciones en Clase A Fuerte y en Doble A se obtiene que su promedio de carreras limpias permitidas cada nueve episodios es de 2.30 y que sus rivales le batean para 259 puntos.

Asimismo, sería ilógico discutir la calidad de un lanzador que solo en dos de sus nueve aperturas ha permitido dos o más carreras y que en más de 40 episodios lanzados admite solo cuatro cuadrangulares. Pero esto no es todo, es más, uno de los principales argumentos para no poner en tela de juicio el potencial de Loáisiga, es su control. El nica otorga solo cuatro bases por bolas en 43 entradas completas, recorrido en el que poncha a 54 adversarios. De las nueve presentaciones que ha tenido en este 2018, solo en tres ha otorgado al menos un pasaporte. Dados estos números y la llamativa consistencia que ha mostrado, haciendo alarde de su evolución como tirador, Loáisiga da la impresión de estar listo para asumir un reto mayor, puede ser Tiple A o probablemente el mejor beisbol del mundo.