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En agosto de 2015, Leo Santa Cruz (34-1-1- con 19 KOs) y Abner Mares (31-2-1 con 15 KOs) protagonizaron una guerra memorable por el cetro de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) de las 126 libras.

Por decisión mayoritaria, esa vez, ganó el michoacano Santa Cruz. La revancha era casi una obligación inmediata, pero su realización se prolongó en el tiempo. En ese lapso, los dos rivales cumplieron itinerarios diferentes, aunque de forma paralela bajo la misma organización (AMB) y dentro de la misma división (pluma). 

Por fin llegó la hora de rendir cuentas, el deseo de verlos frente a frente se mantiene intacto, pese a esos casi tres años transcurridos. Tanto tiempo esperando, necesariamente altera las expectativas sobre el desempeño de uno y de otro. Es difícil imaginar a quien le otorga ventajas, aunque en la estadística el más activo ha sido Santa Cruz y ello podría ser una pista para quien le agrada aventurarse con los pronósticos.

Santa Cruz, ligeramente favorito

Santa Cruz, luego de la pelea contra Mares, venció a Kiko Martínez, para encarar luego dos recordadas peleas contra Carl Frampton, donde perdió la primera y ganó la segunda. Su última salida al ring fue hace un año, cuando noqueó a Chris Ávalos en ocho asaltos.

Para esta revancha, el michoacano llega ligeramente como favorito para repetir su victoria. El poder en la pegada y sobre todo su mejor alcance de brazos, sumado a la siempre presente posible fragilidad en la barbilla de Mares, permiten avizorar en la teoría un escenario favorable a Santa Cruz, el cual podría incluso cumplir su promesa de ganar la revancha por la vía del KO.

Tres años es mucho tiempo y necesariamente muchas cosas cambian en ese lapso. Santa Cruz, al contrario que Mares, se siente muy identificado con esta categoría, es su peso natural y la división donde puede desplegar todo su potencial. O sea, aquí es donde su pegada lastima y necesariamente desde lo táctico conseguirá establecer con comodidad cualquier plan de pelea. El KO no es una utopía, aunque difícil sea imaginarlo.

Abner Mares, por su parte, ha visto poca acción desde la pelea que protagonizaron ambos en el 2015. Apenas dos batallas, desde entonces, que fueron dos victorias: sobre Jesús Cuellar en 2016, que le significó adueñarse de título regular AMB de las 126 libras y en el 2017 venció a Andrés Gutiérrez por decisión técnica.

Dos peleas parecen poco y no debería descartarse algo de óxido a la hora del combate, lo cual es otro detalle que favorecería a Santa Cruz. A ello sumemos los problemas naturales de alcance y pegada, donde Mares se verá nuevamente superado por su rival. Si falta algo, hay que recordar recientes declaraciones de Mares, donde reveló su intención de moverse de división (130 libras) algo que necesariamente hace pensar en posibles problemas para mantenerse en el peso, con todo lo que ello implica de ventajas a la hora del combate.

El tiempo transcurrido necesariamente cambia el dibujo previo del combate y, si bien no dudamos que será una verdadera guerra, atractiva y disputada, esta vez habrán cambios estratégicos, especialmente por el lado de Abner Mares.