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Entre la montaña de dificultades, estoy genuinamente emocionado. No puedo ocultarlo. Quisiera poder preguntarle a Jonathan Loáisiga cómo se ve el mundo desde la cima de la montaña, cuando ha sido escalada en forma tan majestuosa como él lo ha hecho durante este año, superando todos los retos que le han impuesto.

Un pelotero nica con los Yanquis, el más grande equipo del beisbol, con sede en la capital del planeta, la siempre impresionante Nueva York.

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No, eso no lo voy a ver, pensé. Pero es lo que estoy viendo al convertirse Jonathan, rumbo a los 24 años (nacido el 2 de noviembre 1994), 5 pies 11 pulgadas, una flexibilidad garantizada por sus 165 libras, en el big leaguer pinolero número 16 desde el quiebre de cascarón realizado en 1976 por Denis Martínez. Previamente, este mismo año, Alex Blandino, hijo de nicas, originario de Palo Alto, California, fue llamado para quedarse con los Rojos de Cincinnati.

Entre las tinieblas que estamos atravesando, una chispa diferente, estimulante. Alguien gritándonos “¡Hey, ánimo, están vivos! Prepárense para seguir mis huellas y triunfar”. Cómo no agradecérselo.

Más que la Copa

Recuerdo que en junio de 1979, durante la insurrección tan decidida en los barrios orientales, varios de los que se jugaban la vida en la diferentes trincheras batallando contra el nefasto somocismo, sin radio y sin televisión, tenían tiempo y aliento para preguntar por la progresión de Denis Martínez en su racha de 10 victorias con los Orioles.

Hoy, aún en un momento tan angustioso de patriotismo desbordado como el que vivimos, con la inseguridad rodeándonos, interesa más el debut de Loáisiga en la colina de los Yanquis, que la inauguración de la Copa Mundial con Rusia enfrentando a Arabia Saudita.

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A distancia, Jonathan podría no tener una idea clara de lo que eso significa. Después de 6 victorias por una derrota en las Menores con Tampa y Trenton, 3.00 en efectividad y 58 ponches en 45 entradas, el derecho que es capaz de hacer sus disparos encima de las 95 millas, con un excelente control como lo demuestran sus 4 boletos y 2 golpes en ese trayecto, Jonathan aterriza en las Mayores cargado de confianza en s
us proyecciones. ¡Cómo no creer en él!

A imponerse

Con todas las fracturas sufridas por la rotación de los Yanquis, la noticia era esperada porque el potencial de Jonathan estaba comprobado. Cierto, de todas las palabras que se utilizan para hacer valoraciones anticipadas en los deportes, la más cruel y la que exige mayor cuidado, es esa, el potencial.

Hay quienes se quedan cortos y nunca lo alcanzan plenamente. Cuando estás actuando, el potencial desaparece porque tienes que hacer lo que eres capaz, sin ningún maquillaje. Nuestra idea es que Jonathan dispone del talento necesario para imponerse y quedarse, incluso sometido a la presión que implica lanzar para los Yanquis, algo que admitieron auténticos superestrellas como Jim “Catfish” Hunter y Roger Clemens.

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El derecho Loáisiga ha escalado la montaña. Un lugar en que a muchos se les nubla la vista y se hace difícil respirar. En un momento en que para nosotros es el peor de los tiempos, Jonathan se convierte en un motivo de interés, una válvula de escape. Debutará mañana contra los Rays de Tampa.

Su ascenso es un hecho semejante al resplandor extraño como una aurora de medianoche que nos dibuja poéticamente el incansablemente genial Carlos Mejía en su Cristo de Palacaguina, un Cristo también de Masaya, de Jinotega, de León, de Carazo, de todo Nicaragua y, por supuesto, de Loáisiga… Un nica con los Yanquis. ¡Por fin! Guau, grandioso. Nuestro entusiasmo casi sepultado se ha levantado bruscamente. ¡Gracias Jonathan!