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A las 11:40 de la noche del 31 de diciembre de 1972 le ocurrió una tragedia a Puerto Rico con repercusión en Nicaragua.

Roberto Clemente Walter, víctima de una tragedia, pasaba a la inmortalidad. El avión que traía la carga de misericordia para las víctimas del terrible terremoto que azotó a Managua el 23 de diciembre, se precipitó al mar. Una carga humana compuesta por cinco personas se hundió para nunca más salir.

Esa tragedia unió a Puerto Rico y a Nicaragua en un sentimiento de dolor y amistad. Todos los rencores se olvidaron, todos lloraron lo perdido. Se supo verdaderamente lo mucho que quería Puerto Rico a Clemente, el mismo día que supo que no lo tendría más.


Uno de los rasgos más destacados de clemente
La correspondencia que le llegaba la leía y le daba la importancia que tenía, las clasificaba dos horas antes en el camerino de los Piratas cuando jugaban en Pittsburgh.

Tenía varias cajas con sus respectivos letreros: Bolas autografiadas, bates y otra, tal vez la más importante, marcada con la frase“Contestar personalmente”.

Recibía múltiples cartas de padres diciéndole de un hijo enfermo que él visitaba con su esposa, Vera Zavala. Casi siempre estas cartas de padres con hijos eran de muerte.

Usó el numero 21 en el uniforme de los Piratas, porque eran 21 letras de su nombre y dos apellidos. Lo usó durante 18 años y no sólo lo lució, sino que lo hizo inmortal.

Los libros de records de las Grandes Ligas están llenos de sus hazañas. Una breve hojeada dirá, en la elocuencia de sus números, sobre la grandeza del atleta.

Pero el dolor y el sufrimiento, la agonía, el desvelo, el insomnio y las lágrimas que costaron esa grandeza no aparecen en esos números.

Clemente no concebía jugar en otro equipo que no fueran Los Piratas. Pensaba en los Dodgers, el equipo que lo firmó y lo perdió en las escogencias de fin de año, porque Los Piratas lo escogieron primero.

Llegó a Pittsburgh de 20 años y por su gusto saldría de esa ciudad ya viejo, cuando ya no tuviera nada más que darle.

Allí obtuvo sus primeros triunfos, sus mayores alegrías, y de aquí tendría los mayores recuerdos.

Él se sentía tan apegado a Pittsburgh, como en su pueblo natal Carolina, Puerto Rico, no podía haber otro amor.

Nunca podría olvidarse de las humillaciones que sufrió en Estados Unidos por ser negro. Y aunque los perdonaría, la agresión a su dignidad quedaría siempre en carne viva como llaga que no cicatriza.

Su orgullo lo hacía estar siempre a la defensiva, y de ahí, sus muchos altercados con cronistas deportivos y a veces con dirigentes de su equipo.

Y era porque Roberto no toleraba las más mínima falta de respeto de que pudiera ser objeto cualquiera de los peloteros latinos que vestían la franela del conjunto.

Esta solicitud la tenía por lo que le tocó vivir. En su primer año como novato en el campamento de primavera de los Piratas, en el Sur de los Estados Unidos, Roberto sintió la discriminación en su propia carne en el año de 1955, su primero en los Piratas.

Tenía que cenar en restaurantes para gente de color; viajar en la parte correspondiente a los negros en los autobuses y hospedarse en hoteles para personas de color. Esta experiencia dejaría huellas profundas e imborrables en su carácter.

La labor de Clemente fue reconocida por personalidades como Bowie Kuhn, quien fuera alto comisionado del béisbol, se expresó así de él: en cierto modo Roberto fue más allá del súper estrellato. Su destreza maravillosa en el juego lo sitúa entre los verdaderamente selectos. Y qué hombre más asombrosamente bueno era, siempre se preocupaba por los demás.

En noviembre de 1954 pasó de los Dodgers de Brooklyn a los Piratas en la escogencia anual.


Resumen
Roberto Clemente compiló 3,000 imparables y bateó para un average de .317 durante 18 años con los Piratas.

Promedió para trescientos puntos o más en 13 años, fue seleccionado el MÁS VALIOSO JUGADOR DE LA LIGA NACIONAL, en 1966. Seleccionado el más Valioso de la Serie Mundial en 1971.

Firmado originalmente por los Dodgers de Brooklyn en 1954, no fue protegido en el draft de las ligas menores, y fue escogido por los Piratas y pagaron la suma de $4,000 dólares. Les resultó la ganga del siglo a los Piratas. Fue el rigth fielder de los Bucaneros por 18 años. Participó en 12 juegos de Estrellas de 1960 a 1972.

Ganó cuatro títulos de bateo: .351 en 1961; .339 en 1964; .329 en 1965; .357 en 1967. Fue líder de hits con 211 y 209 en 1964 y 1967 y con 209 en 1964 y 1967 respectivamente. Líder en triples en 1969 con 12.

El 30 de septiembre de 1972, último día de la temporada y de su vida deportiva, conectó el imparable 3,000 y se convirtió en uno de los 11 jugadores en la historia de las Ligas Mayores que alcanzaban esa cifra hasta 1972.

El 6 de agosto de 1973 pasó a ser el primer jugador latinoamericano en ingresar en el Salón de la Fama y el segundo al que no le aplicaron los reglamentos para admitirlo, el primero fue Lou Gerigh de los Yanquis.

En la Liga Invernal de Puerto Rico fue campeón bate en la temporada de 1956-57, jugando para dos equipos: el Santurce y el Caguas. Fue al bate 225 veces, en los que conectó 89 hits para promediar .389.


Clemente en El Caribe
Todos los fanáticos del béisbol de la Cuenca del Caribe esperaban esa serie como si fuera la Serie Mundial. Se efectuaba en febrero con los campeones de Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Panamá. Fue fundada en 1949 y terminó en 1960.

En el año de 1964 se montó una serie llamada Interamericana, recordando a la del Caribe. En ese 1964 se hizo en Managua con cuatro equipos, dos de Nicaragua: el 5 Estrellas y el Oriental; por Puerto Rico estaba el San Juan y por Panamá El Marlboro.

En el San Juan venía una constelación de estrellas encabezadas por el gran Roberto Clemente.

Fue en Nicaragua que Roberto Clemente desarrolló un gran sentido de compasión por los necesitados.

Con ventaja de una carrera sobre Nicaragua, que tenía dos corredores en base, salió un batazo por donde Clemente quien la siguió con su gran habilidad, pero inexplicablemente perdió el balance de sus piernas y la bola pasó por encima de su cabeza. Nicaragua anotó las dos carrera y se fue arriba. El 5 Estrellas logró el campeonato al vencer al San Juan 4-3.

Lo que pasó es que cuando Roberto faldeaba la pelota recibió en su cuerpo el impacto de varias iguanas lanzadas por el público que le hicieron perder el balance.

Ocho años después, Roberto voluntariamente preside una campaña para ayudar al pueblo nicaragüense, que sufría el terremoto de Managua. Roberto quería que la ayuda que traía se repartiera y él mismo vigilarla.

Y sucedió lo inevitable, la caída del avión que traía la ayuda y la muerte de los cinco tripulantes, incluyendo a Roberto Clemente.

A pesar de la huella inexorable del tiempo (35 años), Clemente sigue siendo, recordado dentro y fuera del país.

Se le hizo una serie de homenajes póstumos acompañado de entrega de toda clase de honores que se rindieron al hombre que fue hacia el infinito, pero dejó un recuerdo imperecedero que le hace merecedor de grandes reconocimientos.

En Puerto Rico fue declarado el atleta del siglo 20 y el estremecimiento sigue igual. En un alarde de sensibilidad humana, Clemente tomó la última decisión de su vida. Frente al “NO VAYAS ROBERTO”, que le hizo su esposa, verá, él respondió. “Si vas a morir, morirás”.

Roberto Clemente está en el Salón de la Fama de los corazones de todos los nicaragüenses que nunca lo olvidaran y lo quieren como si fuera una Gloria del beis nica.