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La batuta de Zinédine Zidane y los goles de Cristiano Ronaldo devolvieron al Real Madrid a la gloria. Pero ahora, con la dimisión del entrenador y la marcha del astro, el club blanco debe pasar página a su ciclo dorado.

El 26 de mayo en Kiev el equipo blanco superaba al Liverpool para hacerse con su decimotercera Liga de Campeones y Zidane entraba en la historia al ser el primer entrenador en ganarla en tres ocasiones consecutivas.

Zinedine Zidane con el trofeo de la Liga de Campeones. Archivo/END

Poco podía sospechar el presidente del club, Florentino Pérez, que ese éxito sería el detonante de dos terremotos para el club en apenas un mes y medio. Ni que ahora se encontraría ante una titánica tarea de reconstrucción.

El 31 de mayo, durante el anuncio de la marcha del entrenador, el dirigente blanco aparecía compungido, con aspecto aturdido tras haber conocido apenas unas horas antes de esa conferencia de prensa una decisión "totalmente inesperada".

"Es un día triste", "me habría gustado convencerle", decía Pérez, consciente del problema que se le avecinaba.

Llegado al banquillo blanco en 2016 tras el despido a media temporada de Rafael Benítez, Zidane había vislumbrado antes que nadie el ciclo que terminaba en Kiev.

Encima del césped del estadio, cuando el balón hacía escasos minutos que había dejado de rodar, Ronaldo dejó entender que era su último partido con la camiseta blanca.

Recaló en la capital española procedente del Manchester United en 2009 como el jugador más caro de la historia (93 millones de euros) y en nueve años se convirtió en leyenda con cinco Balones de Oro y el récord de máximo goleador de la historia del club con 451 dianas en 438 partidos.

Cristiano Ronaldo. AFP/END

"Fue muy bonito estar en el Real Madrid", dijo entonces, remarcando el uso del pasado.

¿Neymar por CR7? 

Determinado a solventar la vacante en el banquillo blanco, Pérez encontró el sucesor de Zidane en el banquillo de la selección española, Julen Lopetegui.

Por el camino causó un culebrón sin precedentes en el seno de la federación española que, al no haber sido informada de las negociaciones, destituyó a su técnico a dos días del debut de la "Roja" en el Mundial ante la Portugal de CR7.

Solventado el problema del banquillo, Pérez tenía todavía otro incendio por apagar.