Edgard Tijerino
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El pitcheo de Vicente Padilla frente a los Marineros ayer en Seattle fue un canto de vida y esperanza; una señal de resurgimiento urgentemente necesaria por el debilitamiento de su imagen; un impacto que nos hace creer que por fin vimos al verdadero Padilla, o quizá, al que todos imaginamos entre expectativas incontrolables.

A lo largo de ocho episodios, sólo un hit permitido de Wladimir Balentien en el cierre del cuarto, y una carrera en el sexto, que sin el error de Ian Kinsler, no se hubiera producido, certifican el mejor trabajo de Padilla en sus primeras seis aperturas en esta temporada, y lo más brillante desde aquel aterrizaje sin hit en el octavo inning contra los Cascabeles de Arizona el diez de mayo de 2002, lanzando con los Filis, quebrado por Chris Donells.

No fue un gran vuelo de cuervos lo que manchó la excelente faena del pistolero pinolero en el cierre del sexto, fue el error de Ian Kinsler sobre un batazo sencillo, apropiado para un posible doble play con hombres en primera y segunda después de un out. La falla sobre batazo de José López facilitó la carrera anotada por Rusell Bryan, golpeado como primer bateador de esa entrada, antes que Mike Sweeney bateara por el piso, siempre hacia Kinsler, ahora para concretar un doble play.

El jonrón de Nelson Cruz fue una estimulante respuesta inmediata, y en el noveno, ya decidido el retiro de Vicente con 102 lanzamientos, Kinsler de nuevo, pero en el cajón de bateo estando las bases llenas y con dos outs, con la posibilidad de contribuir a la segunda victoria del nica quebrando ese empate 1x1 sostenido por Eric Bedard desde la otra acera, pero se ponchó atravesando por un conteo completo. Fue como una burla del destino.

En el décimo, sin Padilla en escena, los Rangers hicieron explosión con un operativo de seis carreras coronado por el jonrón de Saltalamacchia con las bases llenas, imponiéndose finalmente 7x2, porque Seattle, casi amortajado, logró otra anotación en el cierre sólo por retorcerse inútilmente.

Sin carrera limpia en los ocho episodios, cediendo tres bases y ponchando a cuatro, Padilla no tuvo decisión, pero mejoró considerablemente hasta 5.71 su efectividad, en lo que todos deseamos, sea el inicio de una recuperación lo suficientemente consistente en el último año de su contrato.

Siempre duele lanzar para ganar y no poder hacerlo por falta de apoyo ofensivo, y más grave aún, afectado por una falla defensiva. Kinsler, casi siempre un excelente aliado de Vicente, perdió una bola fácil y se quedó mudo con casa llena.

Pero lo importante es que se redimió Vicente, espantó fantasmas, volvió a mostrar su poder con rectas que se movieron entre 93 y 95 millas constantemente. Su pitcheo que a veces naufraga y a veces navega difícilmente, ahora nos impresionó. ¡Qué bueno, ya era hora!