•  |
  •  |
  • Edición Impresa

En todas las Copas del Mundo, ocurre lo mismo: nos sentimos en el vacío una vez que el telón cae ruidosamente. Como están muy recientes, la cabalgata de recuerdos sigue arrastrando nuestras emociones. Impresionó Francia por la abundancia de su talento joven, sus momentos de ebullición, y su firmeza para no flaquear, excepto en el borroso 0-0 con Dinamarca, sin duda el peor juego. El solvente equipo francés, cargado de formidables africanos, como hace 20 años,  supo abrirse paso hacia su segunda coronación sin alcanzar aquella majestuosidad que le imprimieron además del “General” Zidane, Deschamps, Desailly, Karembeau, Thuram y resto de la tropa, que no permitió que ningún rival le quitara la pelota, mostrando un atrevimiento para ir hacia delante, solo comparado con el holandés.

¿Por que ganó?

Francia tuvo en Lloris, un arquero estupendo capaz de responder a todas las exigencias, obviando su falla infantil frente a Mandzukic en la final; su defensa sin ser impenetrable, mostró la necesaria consistencia para encadenar agresiones, con un par de centrales como Varane y Umtiti, desplegando su poder por arriba y por abajo; una pareja de centrocampistas con diferente estilo pero igualmente útiles en sus tareas, tal lo fueron Pogba y Kante; y en el ataque, pese a que su centro delantero Giroud no fue visto disparando al marco el siete juegos, se mostró destructivo con el desequilibrante y sagaz Griezmann, y ese tren bala que es Mbappé. Nunca se preocupó Francia de la posesión de balón de rivales, incluido Bélgica con su gran armamento.  Francia ofreció una lección de lo que es saber qué hacer con la pelota.

Novedades tácticas

Es muy difícil en estos tiempos de tanto futbol sin interrupción con clásicos y más clásicos en cada liga, con una Champions cada vez más exigente, esperar interesantes variantes. Todos los jugadores estelares han sido súper estudiados, y cuando carecen de acompañamiento como ocurrió con Cristiano y  Messi, naufragan. No podemos decir lo mismo de Neymar porque tuvo mucho movimiento y una capacidad para presionar, solo neutralizada por una Bélgica disciplinada y enérgica, sufriendo hasta el último instante con Brasil rozando el empate ante un inmenso Courtois en la cabaña. Imaginar cada juego pareció ser sencillo. En tácticas fue una Copa sin secretos. Se conocía el radio de acción de cada quien, y como intentaría funcionar. Después de los tres primeros juegos, el inglés Kane, líder goleador con 6 fue hecho desaparecer y sin un dispositivo especial.

Bienvenido el VAR

La presencia del VAR fue de gran utilidad. No asegura la perfección pero aproxima los fallos a lo justo en la mayoría de los casos. Un penal no sentenciado al defensa argentino Rojo, si fue graficado en el VAR y señalado a Perisic en la final, alterando ese 1-1 tan intrigante. Pienso que debería ser trasladado a todos los grandes torneos. En esta Copa el arbitraje no fue considerado un problema. Fue la Copa de más penales y de más autogoles…Presentar a “otra Rusia”, más abierta, salpicada de alegría, objetivo que no fue alcanzado en 1980 con los Juegos Olímpicos, permitió ver a Rusia muy potable durante la realización de la Copa. Después, no sé, quizás quede algo…Como siempre, las multitudes de los países latinos, México, Perú, Colombia, Brasil, Argentina, le inyectaron a Rusia que podrían retener un rato lo suficientemente largo. Cuando estos equipos quedaron eliminados antes de semifinales, se registró un bajón de voltaje en las tribunas.

El mejor juego fue con certeza Francia-Bélgica en semifinales. Esos primeros 45 minutos tan frenéticamente bien jugados, nos nos permitió percatarnos que terminaron sin goles. Los dos arqueros, el belga Curtois y el francés Lloris, se vieron elevados encima de las nubes. Ese partido, más la otra semifinal Croacia-Inglaterra, y el duelo España-Portugal en la fase de grupos con triplete de Cristiano, fueron los mejores, en tanto Messi, solo dejó el pequeño recuerdo de su gol contra Nigeria. Si se busca el mejor gol, por su combinación de dramatismo y espectacularidad fue el de Kroos contra Suecia, sacando a Alemania del cementerio, y entre las atajadas, Curtois y Lloris se trenzaron un duelo de fabricantes de asombro. Y nos quedó Modric, el incansable, con suficiente destreza que mostrar juego tras juego, seleccionado el mejor jugador de esta Copa.