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El retorno a la “normalidad” en este convulsionado país, no indica en modo alguno que el pueblo ha decidido guardar los bates. Solo los muertos no vuelven a la carga, y aún en esos casos hay  sus excepciones. Ahí tenemos el ejemplo del Dr. Pedro Joaquín Chamorro haciendo repicar las campanas de la libertad después de haber muerto. Se trata pues, de una pausa para volver con renovados bríos, recoger los bates y continuar produciendo carreras. La lucha sigue, y  seguramente con más determinación por  ambas partes; el tirano buscará cómo sostenerse contra viento y marea; en tanto el pueblo está dispuesto a mascar carbones encendidos con tal de derrocarlo.

El partido pues, no ha terminado. Vamos a extrainning. Y de eso están conscientes hasta aquellos incapaces que se han  lanzado de cabeza en el fango, para luego arrastrarse con un micrófono por delante vomitando insultos.

Ha sido hermosa la reacción del pueblo contra la dinastía. Nada de temores ni inhibiciones. Lucha fuerte de ritmo violento y sostenido. Quedó demostrado que no era tan fiero el león como lo pintaban, pues se tambaleó peligrosamente ante la fuerte arremetida y continua, en  estado groggy. Y esa señal de manifiesta inestabilidad, ha venido a ser un incentivo para la clase dominada. Se demostró que cuando hay unidad, perfectamente se puede remar contra la corriente. No  importa que lluevan balas.

El tirano está mal. Ha perdido la risa, ha perdido el color, y además, ha  tenido que dormir muchas noches con un  pie en el estribo de su jet. La presión de estos momentos tan aciagos, le cortó la poca tranquilidad que disfrutaba, y ni por  aparentar consistencia pueda echar las campanas al vuelo. Ahora que el país está convertido en un caldero de frijoles hirviendo, le preocupa al “chico malo” del barrio, que le hayan perdido el  respeto. Eso es grave.

Trata angustiosamente de recuperar hegemonía utilizando con más continuidad al ejército como fuerza de represión, pero él a la vez, no puede evitar sentir un escalofrío en la espalda, provocando por el frío de la incertidumbre. No puede, ni rodeado de cañones, ni durmiendo sobre un colchón de billetes, respirar tranquilidad. La lucha pues, ha dejado de ser desigual. Ahora estamos nivelados y el extrainning promete ser intensamente disputado.

Y aquí estamos, lanzados, viviendo la  efervescencia de un delirio patriótico. Los  caminos están rotos detrás nuestro y no queda más alternativa que avanzar, querámoslo o no.

Ya Dantón decía: “Cuando un barco naufraga, la tripulación echa al mar todo aquello que la expone a perecer; de igual modo, todo aquello que puede perjudicar a la nación, debe arrojarse de su seno”. Y señores y señoras, Nicaragua no puede transar por menos. Es una obligación patriótica seguirle exigiendo a Somoza que se vaya.

Los lectores me van a dispensar, por no  haber abordado hoy un tema deportivo, pero sentí la necesidad de expresar lo que pienso y lo que siento. Un pensamiento y  un sentimiento, que es común denominador en todos los rincones de un país que desea desembarazarse de la dictadura, liberarse de toda presión, terminar con los baños de sangre y respirar democracia. Es una vasta cruzada en la cual estamos envueltos todos los hijos del terruño.