•   Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Escuchando al presidente Ortega en Fox hablando “a lo Moncada”, tan fuera de la realidad, mirando el país al revés, negando lo obvio, es natural rascarse la cabeza y sentirnos aturdidos.

¿De qué está hablando? ¿Qué es lo que vio? ¿Quién lo desinforma? ¿Hacia dónde ha estado mirando? ¿Cómo le funciona su imaginación cambiando imágenes? ¿Qué tipo de espejos ha estado utilizando? ¿Cómo es posible tanta frialdad manejando mentiras? ¿De que planeta estás viniendo Daniel? No, no puede ser de parte de un gobernante.

La CDIH, la ONU, la OEA con Almagro incluido, el Vaticano, Mujica, Leonardo Boff, y todos los que han echado un vistazo sobre la terrible tragedia que estrangula Nicaragua, no han tenido problemas en señalar la responsabilidad del gobierno mientras se multiplican los muertos. Pero Daniel con la máscara del “yo no fui”, rechaza todos los señalamientos por muy claros y contundentes que sean.

El problema se agranda cuando incursiona en el territorio de “los colmos”, y hasta dice con olímpica indiferencia “ninguna de las manifestaciones pacíficas ha sido atacada” y culpa a grupos terroristas financiados de provocar estragos, no solo distanciándose de los paramilitares armados hasta los dientes, sino acusándolos de agredir al gobierno.

Atrapados sin salida

Según Daniel —alejándose de los hechos— el gobierno no tiene ninguna responsabilidad en todos estos acontecimientos con su caudal de muertes, han desequilibrado a un país necesitado de justicia, de transformaciones urgentes, ávido de democracia, de una institucionalización consistente, de un adelanto de elecciones después del ruidoso triunfo de la abstención en los últimos comicios, de la restauración de la autonomía universitaria conseguida en tiempos de Luis Somoza y brutalmente desaparecida durante los últimos años.

No se refirió a la Nicaragua mejor que debemos construir entre todos, como dijo la vicepresidenta hace unas semanas, en lugar de seguir empeorándola

¡Negó todo! Hasta los ataques a la Iglesia. Estaba tan concentrado en tratar de ocultar con sus palabras la montaña de evidencias condenatorias, que si Bair le hubiese preguntado, ¿Usted es Daniel Ortega?, podría haberle respondido “No, no soy”.

Insistió en sentirse presidente y protector de sandinistas, en medio de una confusión fabricada alrededor del danielismo, no de nicaragüenses. Cuando un presidente no asume ninguna responsabilidad mientras un país convulsiona por más de tres meses, es obvio que no tiene interés en una real normalización y ni la más mínima por la búsqueda de soluciones. Dejó la impresión de que lo ideal es vernos a todos atrapados y sin salida. Él incluido.