Edgard Tijerino
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¿Quién es el culpable, que como aficionados, nuestros corazones estén mutilados de impaciencia? Vicente Padilla, por supuesto. Lo vemos dueño de un excelente material como es su bola rápida con movimientos desequilibrantes, el aprendizaje de una curva cada vez más obediente, el uso de apropiados cambios de velocidad, y cuando está enfocado, con un hábil manejo de la zona de strike, pero sigue con una asignatura pendiente, y es que no consigue estabilidad.

El ¿qué Padilla veremos?, se ha convertido en una intriga constante antes de cada apertura, y sólo sentimos como certeza, el impulso del deseo de verlo triunfar con el soporte de una actuación convincente. Alfred Hitchcock estaría interesado en Padilla por el misterio que lo rodea, sin necesidad de colocarle a la orilla, una rubia como Ingrid Bergman, Grace Kelly o Kim Novak.

Lanzando para un hit en ocho entradas frente a los Marineros, Padilla levantó las cejas, agrandó los ojos e hizo frotar sus manos al manager de los Rangers, Ron Washington, y también al ansioso público de Texas, que espera -–igual que nosotros-- siempre lo mejor de su segundo abridor y mejor asalariado del roster.

“Realizó un trabajo fenomenal”, dijo el relevista Darren O’Day, quien resultando vencedor, se sintió como un usurpador, “robando” los méritos del pinolero, agregando con humildad en la nota de T. R. Sullivan: “Su actuación fue dominante. Yo sólo estaba feliz de estar ahí en el momento preciso”.

“Hizo todos los lanzamientos necesarios con un excelente control. Es el pitcher que necesitamos”, expresó Washington, señalando con claridad que este tipo de trabajos, aunque siempre sospechados, tratándose de Padilla, son imprevisibles. Es decir, que continúa sin lograr desarrollar su potencial.

El timonel de los Marineros, Don Wakamatsu, se detuvo en un punto de singular importancia: “Tenía buen material, pero lo decisivo fue verlo avanzar largo con pocos lanzamientos. Eso le permitió llegar tan profundo como el octavo inning y ahorrar su bullpen”. El Star Telegram apunta que Padilla es el primer abridor de Texas en su historia que sólo permite un hit o menos a lo largo de ocho entradas y sale sin decisión.

El balance en estos casos es de 22-1, y el único perdedor es Charlie Hough, el 16 de junio de 1986, y el último caso, el de Rick Helling contra los Cerveceros, el 18 de abril de 1997. Así que, Vicente ha obligado a escarbar en los archivos con su estupendo pitcheo.

La interrogante no es ¿cuándo lo volveremos a ver tan dominante?, sino ¿cuándo sentiremos la confianza que provoca la estabilidad de rendimiento? Estamos claros de que no pertenece a la elite del pitcheo, pero sabemos que tiene el material para socar constantemente. Los expertos lo saben porque lo dicen reiteradamente, y no pueden estar equivocados en sus valoraciones.

dplay@ibw.com.ni