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De la abundancia de imparables ante Venezuela en la que fue una victoria sufrida, a la escasez de bateo contra República Dominicana en una derrota con rasgos de funesta.

En el juego de trascendental importancia para mantener vivas las esperanzas de luchar por las medallas, lo peor que podía pasarle a la Selección de Beisbol de Nicaragua era mostrarse tan pobre ofensivamente como en sus dos primero juegos y fue precisamente eso lo que ocurrió ayer ante República Dominicana, selección que se impuso con pizarra de 3-2 apoyada en un picheo que limitó a solo tres imparables a la artillería de Nicaragua, dos de ellos en el último capítulo del juego.  

Fue el combinado dominicano el primero en reformar el marcador y lo hizo en la tercera entrada gracias al imparable remolcador de dos carreras conectado por José Rosario. Mientras tanto, el veterano Willy Lebrón se encargaba de someter a los bateadores de Nicaragua sin atravesar mayores dificultades.

Tal era su dominio, que el primer cañonazo pinolero llegó hasta en el quinto inning y fue obra de Ofilio Castro, quien en la misma entrada anotó impulsado por un roletazo incómodo de Janior Montes a la zona de las paradas cortas. Lebrón, quien tiró en la pelota profesional casera, abandonó el montículo tras haber reducido a la inutilidad al bateo nica durante 5.1 episodios.   

¿Cómo ganar sin batear?

Sin bateo no hay premio y eso lo sabe la selección nacional, que ha perdido tres partidos como consecuencia de su pobre ofensiva. Pero no basta con saberlo, se requiere de ajustes para cambiar esa realidad y ante República Dominicana el bateo nica volvió a flaquear.

Tras la salida de Lebrón y el paso fugaz por el montículo de los relevistas José Valdespina y Leyson Séptimo, la tropa de Julio Sánchez fue silenciada por el exlanzador de Grandes Ligas, Juan Jaime, quien durante 2.1 episodios dominó a los siete bateadores que enfrentó, incluyendo a cuatro por la vía del ponche. 

Fue hasta en el cierre del noveno capítulo que los artilleros nacionales hicieron temblar al adversario, pero el intento de resurgimiento se quedó corto. Con un out en la pizarra, el siempre incidente Jilton Calderón descifró al cerrador José García y conectó un doblete, para luego moverse a la tercera por el segundo cañonazo de Ofilio Castro.

Las esperanzas, ya sepultadas para entonces tras el 3-1 establecido por los dominicanos en la apertura del noveno, resucitaron cuando un roletazo de Darrel Campbell empujó a Jilton y cambió la pizarra a 3-2. Pese a estar contra la pared con dos outs en la cuenta, se empezó a darle forma a la idea del empate, pero todo se acabó luego de que Renato Morales fallara con batazo dentro del cuadro. Cuando se intentó escapar de la fatalidad, ya era demasiado tarde. No se puede ganar sin batear. 

El picheo cumplió

El abridor Berman Espinoza con su labor de seis entradas de dos carreras, solo una limpia, y los relevistas  José Elías Villegas, Junior Téllez, Wilber Bucardo y Pedro Torres cumplieron con la misión de evitar que el conjunto dominicano fabricara una ventaja que fuera imposible de alcanzar; sin embargo, cuando falta bateo, hasta la más brillante de las presentaciones monticulares puede terminar en derrota.  

Ahora, con más factores en contra que a favor, la selección de Nicaragua buscará cambiar su contexto sombrío ante tres rivales que son verdaderamente peligrosos: Panamá, que es el rival de hoy, y Cuba y Puerto Rico, los dos grandes favoritos.