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La tentación está ahí, danzando frente a Denis Martínez. Una vez más, él no podrá resistirla. Irá hacia el televisor, colocará el DVD, llamará a su esposa Luz Marina y le dirá: “Flaca, vamos a volverlo a ver.

Hoy es 28 de julio del 2018. Solo han pasado 27 años y vale la pena”. ¿Cuántas veces has visto el Juego Perfecto?, le pregunté una vez y me respondió: “No sé. Han sido tantas veces”. ¿Y te emocionás? “Por supuesto, cada vez”

Oh, Dios...qué noche más bella, titulé en aquel 1991. Ahí estaba Denis en la pantalla del ESPN, en el resumen del Sports Center, con su puño en alto, el gesto fiero, el corazón todavía palpitando aceleradamente y la satisfacción cubriéndolo gloriosamente.

Un total de 47 mil 224 aficionados fueron testigos directos de un eclipse en Los Ángeles. ¿Es posible almacenar tanta gloria en un brazo?, me pregunté. ¿Quién iba a sospechar que el pícher imperfecto, soltado en 1986 por los Orioles y moviéndose al garete durante el inicio de 1987, antes de recibir una señal de los Expos, llegaría a ser forjador de un Juego Perfecto?

Difícil inicio

Veinte y siete años después, las imágenes de los bateadores Dodgers viniendo hacia Martínez para fallar 27 veces, adquieren vida, para morir nuevamente. Nunca hubo presagio de calamidad para los Dodgers. En el  primer inning, Denis discutió con el árbitro Larry Poncino sobre la dureza del montículo, y después de los primeros tres outs el médico debió revisarlo en el vestidor por una dolencia en la cadera, consecuencia de las caídas en cada lanzamiento.Todo eso fue falsa alarma.

Lo más emocionante durante la doble inauguración del nuevo estadio el año pasado fue el último out, y lo sigue siendo juego tras juego. El corazón del juego ha sido, desde siempre, el duelo pícher-bateador. Una confrontación reflejo-músculo-destreza con mucho de sicología y algo de ajedrez. Un reto a la anticipación, la adivinanza, el conocimiento, los trucos y la suerte muda. ¿Cuántos Juegos Perfectos o No Hitters se han frustrado con el último bateador? Pregunten a Milt Wilcox, Doug Drabek, David Cone y Dave Stieb entre tantos afectados.

¡Agarrala Marquis!

Atrás habían quedado Mike Scioscia y Alfredo Griffin con los outs 25 y 26, cuando Chris Gwynn, un zurdo de 27 años, bateando por el pícher Morgan, apareció en escena como el  enemigo oculto, amenazante con una daga. Hasta ese momento, los Dodgers se habían visto consumidos por la inutilidad mientras atravesaban los innings sin poder gemir siquiera. El picheo astuto, cerebral y certero de Martínez, los mantenía con su agresividad dentro del congelador.

El control no había flaqueado durante ocho entradas y dos tercios, pero obviamente, el calor, la presión y el trabajo intenso, lo aproximaban al desgaste. La línea de foul de Gwynn en conteo de 1-1, parecía aullido de lobo antes de abrirse. Contra las cuerdas 1-2, Gwynn empujó un lanzamiento que se movía mientras trataba de subir, hacia lo profundo del center field.

Denis giró su cuello, frunció el ceño y gritó cruzando dedos: ¡Agarrala Marquis! Finalmente, Grisson ahogó la pelota en su guante antes de entrar a la zona de seguridad. Fue entonces que Denis se sintió catapultado hacia las estrellas.

Han pasado 27 años y esos 27 outs permanecen intactos. Nunca envejecerán para Denis, ni para nosotros.