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Hoy se realizará una marcha en reconocimiento a los obispos. Voy a asistir retando mi enfermedad, así se moleste el Dr. Jorge Cuadra. No puedo faltar. Siento la necesidad de estar ahí, extendiendo hacia ellos mis brazos, alargándolos imaginariamente a través del cariño largamente cultivado y en agradecimiento inconmensurable, hasta poder tocarlos.

Es una manera de sentirnos más cerca de Dios. En esta lucha pro-patria de ribetes heroicos, ellos han sido los mejores soldados, logrando superar todo tipo de expectativas. Sin ellos, estaríamos siendo golpeados por un mayor diluvio de calamidades. Gracias a su presencia y solidaridad, sobrevivimos a la orilla de los ideales y con las esperanzas intactas.

Hay imágenes imperecederas de su multiplicación de esfuerzos zigzagueando entre peligros, capeando golpes y ofensas más de insensatos que de profanos. Tomando riesgos sin el menor temor, igual que Cristo, batallando fieramente contra las injusticias, yendo de frente contra las bayonetas de ser necesario.

Monseñor Álvarez en Sébaco con sus brazos y corazón abiertos; el cardenal Brenes aplicando conceptos duros, con frases suaves; Monseñor Báez, sin capucha, incansable en pie de lucha, mostrándose en todos los frentes; el padre Edwin Román, casi inmolándose en una actitud ejemplar de sacrificio extremo, agigantándose entre las brasas; el padre Idiáquez, rector de la UCA, defendiendo como león a sus estudiantes, contragolpeando con bravura; y tantos otros, como el indomable Monseñor Mata, el enérgico Monseñor Solórzano y el padre Mántica, dejando huellas en este trazo histórico que todos estamos recorriendo, en una y otra dirección.

Todos ellos son fichas de Dios, ese ser supremo infinitamente justo que no permite engaños, que sabe quién le miente por muy manso que se le presente. Solo no creyendo en Dios se le puede informar tantas mentiras.

No necesita Dios de un detector, porque nos conoce a todos, sabe de nuestras vidas, de nuestros pecados, y sobre todo de nuestras intenciones. Ningún malvado se le va a meter por la puerta de atrás. Hoy, Él estará mirando orgulloso la marcha de sus obispos.

Los que marchemos, nos vamos a sentir acercándonos hacia Él. Como dice Carlos Mejía, es el Dios de los pobres, humano y sencillo, apegado a la justicia, fortalecedor de esperanzas. En un momento que corren a caballo tiempos difíciles, que parece encontrarnos en el corazón de las tinieblas, estos obispos nos encienden luces, nos estimulan, nos levantan, y nos hacen caminar hacia al futuro acercándonos a Dios. Sigamos, pues, sus huellas.