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Ni siquiera en el día más importante de su carrera deportiva, el del discurso de exaltación al Salón de la Fama, el expelotero dominicano Vladimir Guerrero cambió su personalidad de hombre de pocas palabras y una gran humildad.

Durante el discurso que ofreció este domingo en el recinto sagrado de Cooperstown (Nueva York), reconoció entre una gran sonrisa esa realidad y lo demostró al hablar poco. “Antes, no hablaba mucho”, destacó Guerrero en el podio de la ceremonia de la exaltación en el Clark Sports Center del pueblo de Cooperstown. “Decía que era el bate el que hablaba por mí. Pero ahora tengo que hablar, porque ya no estoy jugando”.

Aunque Guerrero ha sido más accesible a los periodistas en los últimos meses que en prácticamente toda su carrera entera como jugador activo, con presentaciones en los medios de comunicación de su país y el Estados Unidos, al final su discurso fue “corto”. Ante una concurrida ceremonia al aire libre, con una fuerte presencia dominicana, Guerrero dio gracias a Dios, su familia y su equipo de relaciones públicas.

Dio un reconocimiento a la ciudad de Montreal, donde empezó su carrera de Grandes Ligas con los Expos, además a Canadá, donde siempre lo acogieron como un canadiense más. Guerrero, convertido en el tercer dominicano que entra al Salón de la Fama, expresó su agradecimiento con sus dos manejadores que tuvo por más tiempo en las Mayores, su compatriota Felipe Rojas Alou (Expos) y Mike Scioscia (Angelinos).

“Yo sé que no hablo mucho, pero me siento contento de haber llegado al Salón de la Fama con este grupo, que competí con algunos y los vi jugar”, señaló Guerrero. “Doy gracias, porque salí de un pueblo pequeño, Don Gregorio, Nizao, de Baní”.