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Se ganaron tres juegos y se perdieron cuatro en Barranquilla. ¿Eso está bien? No, de ninguna manera. Nos hizo falta mucho para estar bien, como hace cuatro años en Veracruz, disputándole la medalla de oro a Cuba. Sin embargo, no se puede hundir el bisturí de una crítica aguda en el vientre de la actuación registrada por un equipo preparado contra reloj, sin las condiciones requeridas, y afectado -porque no son robots- de lo que está ocurriendo en este desventurado país. Esa suma de factores, altera el producto.

La selección se fajó a pesar de entrenar poco tiempo.  Archivo\END

Considero que lo del beisbol pinolero en los C.A. y del Caribe del 2018, entre las limitaciones que mantuvieron el cuello apretado, no estuvo mal. Derrotando a Panamá y al ganador de la medalla de oro, Puerto Rico, agregando la victoria angustiosa sobre Venezuela, se evitó el caos del descarte manteniendo latiendo las esperanzas para asistir a los Panamericanos de Lima en el 2019.

El m ejor recuerdo

Desde 1935, cuando ni yo había nacido, Nicaragua participa en estos juegos, conquistando cuatro medallas de plata, la más ruidosa, la obtenida en Medellín 1978, con un equipazo. Lo más sorprendente a lo largo de 12 juegos fue el brillante pitcheo del joven Julio Moya, quien saltó encima de los ases Porfirio Altamirano y Sergio Lacayo. Con balance de 3-0 y un increíble 1.89 en eficacia, Moya fue el tirador más difícil de batear que se vio entre el desborde ofensivo provocado en Medellín. En ese evento se registraron muchos duelos inolvidables, entre ellos el Nicaragua-Cuba que se perdió 14-11 luego de haber estado adelante en la pizarra 9-7 a la altura del octavo inning. Ese es el que quedó mejor grabado. En ese estadio de juguete en el que cualquier bombo era cuadrangular, los cubanos dispararon 59 en un colosal estiramiento de poder, mientras Ernesto López, establecía dos marcas pinoleras para la posteridad: 10 jonrones en el torneo y 4 en un juego.

Un tour discreto

En Veracruz 2014, los látigos dominantes de Wilton López y Juan Carlos Ramírez, hicieron posible abrirse paso hasta retar a Cuba, pero cuatro años después, con el país manchado de sangre, el equipo se fue emocionalmente golpeado. Cuando enfrentas a un adversario con tus rodillas doblándose, vencer es poco probable. “Sin bateo y sin alma” tituló Harold Briceño la derrota por 3-1 ante Colombia en el primer juego, y en la segunda batalla, el equipo mexicano, blanqueado por Cuba y apaleado por Colombia, nos clavo 5-0. Se necesitaba urgentemente una victoria y se logró por 5-4 sobre Venezuela con el odioso método de la muerte súbita. El tercer tropiezo fue doloroso, al ocurrir durante una cerrada pelea que terminó con el marcador en contra 3-2 frente a Dominicana, pero doblegar a Panamá 6-2 mostrando otra cara y con William Vásquez resurgiendo, fue alentador frente a un reto gigantesco: enfrentar a Cuba y Puerto Rico. Se cayó 11-3 ante Cuba y se derrotó 10-9 a Puerto Rico en un sorprendente duelo de metralla. Un t
our discreto con balance de 3-4.

En ese evento se registraron muchos duelos inolvidables, entre ellos el Nicaragua-Cuba que se perdió 14-11 Archivo\END

A pesar en Lima

¡Ah, se pudo hacer más! Por supuesto, pero no en las condiciones en que llegó el equipo a Barranquilla. Menos mal que el temor de quedar al margen del torneo clasificatorio adicional para estar en Lima fue desvanecido con el triunfo sobre Puerto Rico. Como siempre, se habla de renovación, aunque históricamente hemos dependido de peloteros hechos, probados, mezclados con jóvenes en proyección que se instalan a pulso, como lo hicieron Cuarezmita, Valeriano y Ernesto en el inicio de los setenta. Se trata de contar con los de mayor rendimiento.

Hay material que de haber estado disponible, hubiera sido de mayúscula utilidad, pero se puede armar un equipo de mayor nivel competitivo con los mismos elementos si se garantiza mejor adiestramiento y más tranquilidad. A eso hay que apostar pensando meter las narices en los Panamericanos del 2019.