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La teoría que siempre manejó el entrenador húngaro Itsván Hidvegi, con quien sostuve una relación muy estrecha desde antes de meterme a la crónica deportiva, era que valía la pena asistir a eventos internacionales de exigencias superiores a nuestro nivel de competencia, porque era la forma más eficiente de romper marcas nacionales.

Esa ha sido desde siempre, la pretensión de nuestro discreto atletismo, incluso en Juegos C.A. y del Caribe. Y lo sigue siendo, con excepción de aquella sorprendente medalla de plata lograda por Donald Vélez en jabalina en los Juegos de Panamá realizados en 1970.

El objetivo del saltador largo Becker Jarquín en Barranquilla, era intentar superar o atacar, su reciente marca nacional de 7 metros con 46 centímetros, establecida hace solo 15 días en Guatemala. Colocada como número 17 entre las marcas de 19 competidores, era obvio que Becker no tenía la menor posibilidad de pelear medalla.

Solo con un salto milagroso, como los conseguidos por Bob Beamon en 1968 y Mike Powell en 1991, que nunca fueron repetidos, ni siquiera aproximados. No, eso no ocurrió en Barranquilla: Becker se tuvo que conformar con el borroso 7.03 metros marcado en su primer intento. Cometió faul en su segundo esfuerzo, y se “encogió” a 6.79 en el tercero. Misión fallida.

Green lo tenía todo

Ha 41 años, en los Juegos Centroamericanos efectuados en San Salvador 1977, David Green, quien como pelotero llegó a escalar el Everest de las Grandes Ligas, fijo sorprendentemente una marca de 7 metros con 12 centímetros en salto largo.

David practicaba ligeramente el atletismo porque su concentración, vigilada por su padre Eduardo Green, estaba en el beisbol… “Con un entrenamiento intenso, él puede acercarse a los 8 metros. Dispone del armamento requerido: velocidad, piernas largas, excelente zancada y conseguirá la fortaleza muscular requerida para un gran impulso”, dijo Hidvegi genuinamente entusiasmado, a sabiendas que tal posibilidad no existía.

La marca de Green durmió un buen rato en hamaca, como muchas en nuestro atletismo, hasta que apareció en escena Nelson Navarro, quien logró estirarla hasta 7.38 metros en el año 1988. Casi 30 años después, Becker Jarquín logró quitarle las telarañas, sacarla del rincón y sacudirla.

Lo vimos en acción en los Centroamericanos del mes de diciembre volando hacia el oro por encima de los esfuerzos del cubano nacionalizado Marcelo Suárez y del panameño Jahmal Bowen con un registro de 7.32 metros, debajo de la marca de Navarro. Verlo saltar 7.46 en Guatemala, una nueva marca casera, agigantó expectativas, pero Jarquín se quedó en 7.03 metros. Sin embargo, el futuro está ahí, frente a él.