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El boxeo puede parecer un deporte “barato”, por las facilidades que ofrece para aprenderlo y practicarlo, pero realmente no es así del todo. Aparentemente se necesita un short o calzoneta, dos guantes, un buen vendaje y con esa indumentaria basta para empezar a tirar golpes en la etapa de principiante.

Sin embargo, en el fondo es una disciplina costosa. Desde lo económico hasta el sacrificio que hace el peleador por dejar el anonimato y convertirse en una súper estrella. Ejemplos claros como el de Román “Chocolatito” González muestran que siempre es necesario tener uno o varios “padrinos”, son esas personas que en ocasiones sin nada a cambio invierten dinero y contribuyen a que un peleador esté enfocado plenamente en el gimnasio. 

Román contó con el apoyo de gente como Alexis Argüello, su gran amigo Eduardo Altamirano, conocido como “Vitoka” y el hombre que en su momento fue su manejador Silvio Conrado, pieza clave en la conquista de tres títulos del mundo. Pero en esta nueva era del boxeo nica en la que aparecen nombres interesantes como el de Félix Alvarado, Byron “El Gallito” Rojas y el campeón mundial 112 libras del CMB, Cristofer González, ha emergido la figura de William Ramírez.

Don “William”, como se le conoce popularmente en el ambiente boxístico se ha convertido en el nuevo padre de los boxeadores más talentosos en Nicaragua. Ramírez es un estadounidense de raíces cubanas (su mamá nació en Cuba) que reside en Miami y fijó sus ojos en Nicaragua. Con sus recursos hizo realidad su empresa WRAM Boxing, y es el hombre fuerte detrás de Nica Boxing, empresa que dirige magistralmente Pablo Osuna, principal orquestador de que estos muchachos se muevan a nivel nacional, manejando los recursos a disposición de la manera más eficaz posible.

Ramírez no titubeó al contratar a Cristofer, se hizo de los servicios de “El Gallito” y por si fuese poco le ofreció un buen trato a Félix. También está a su mando Melvin López, ya lo hizo campeón juvenil del CMB, proyectando ahora su carrera en Estados Unidos e impulsa a prospectos como Wiston Guerrero y Jordan “La Cobrita” Orozco. 

Estos peleadores tienen el corazón tranquilo, conformes, no se quejan, disponen de los recursos necesarios para entrenar, enfocarse y centrarse al máximo en el gimnasio. La consecución del título de Cristofer no es una casualidad, la mano de William Ramírez fue la pieza clave, obviamente sin restar el gran mérito de Osuna, Wilmer Hernández y Roger González. Todos forman parte de un gran equipo.

Pero queda claro que para hacer campeones del mundo se necesita mucha plata, además de la voluntad y disciplina que pueda tener un peleador. A Ramírez, el boxeo nica debe y tiene mucho que agradecerle. Imagínense que este año, él como manejador puede cerrar con tres campeones, Félix y Byron disputan títulos en octubre. Esos números serían impresionantes y ojalá se conviertan en realidad.

Para ser un constructor de campeones se necesitan recursos, pero también pasión. Ramírez la tiene, por eso es una referencia en el boxeo pinolero y merece reconocimiento, aunque él prefiere mantenerse con el perfil bajo, sin hacer ruido, solo moviendo piezas en beneficios de los púgiles.  Ojalá hubiese más don “William”.